la historia del champagne cristal

De Zares y Champagne: la historia de Louis Roederer Cristal

Chester: Ted, what do you think of that tasty beverage?
Botones: It’s quite good sir.
Chester: No, no, no! It’s “Fucking” good. Now let’s do that again. Ted, what do you think of that tasty beverage?
Botones: It’s “Fucking” good, sir!

Four Rooms (1995),  dirigida por Quentin Tarantino

En su afán de querer ser siempre “más europeos”, la mesa de los zares rusos estuvo regada de vino francés, sobre todo Champagne.  No son pocas las anécdotas que los relacionan y más de una vez la suerte de las bodegas francesas estuvo atada a los caprichos de estos monarcas.  Quizá una de las más famosas es la del Alejandro II y como, para satisfacer sus pedidos, nació uno de los champagnes más icónicos: Louis Roederer Cristal, el primer espumoso de lujo de la historia.

El zar se había convertido en un gran fanático de los espumosos de la casa de Louis Roederer tras una épica cena que tuvo junto al káiser alemán Guillermo I y su hijo, el futuro Zar Alejandro III, en París.  Tanta fascinación le produjeron estas delicadas burbujas que cada año hacía ir a Reims a su jefe de cava para que supervisara la elaboración de su cuvée (a los zares les gustaba que sea extremadamente dulce).  El punto de quiebre en la elaboración de este Champagne fue en 1876 cuando el enviado del zar llevó un pedido especial.  Quería que se hiciera un vino especialmente para él, solo elaborado con las mejores parcelas de la propiedad y con una botella diferente a todas las utilizadas para la época.

La botella debía ser transparente y tener un fondo plano, a contramano de lo que toda lógica indica.  El vidrio oscuro sirve para proteger el champagne de la oxidación producida por los rayos ultravioletas (te propongo un juego, dejá una copa de espumoso al sol unos 10 minutos y después olela.  Ese defecto se lo conoce como “enfermedad de la luz”) y la gruesa forma cóncava de la botella le otorga resistencia para aguantar la presión contenida.

Champagne Cristal y La paranoia de Alejandro II

Sin embargo, el zar tenía una preocupación más grande: temía ser asesinado y con una botella transparente y de fondo plano podía apreciar cualquier rastro de veneno o artefacto explosivo.

Para fabricar la botella hubo de contratarse el trabajo de un maestro cristalero flamenco, pero el pedido de los zares lo valía.  Tanto que en 1908, Nicolás II (nieto de Alejandro II y fanático del mismo vino) rinde homenaje a la Casa Louis Roederer otorgándole la patente de “Proveedor Oficial de la Corte de Su Majestad el Emperador”. Desde entonces, las botellas de Cristal llevan el Escudo de Armas Imperial.

Además de la exclusividad y la seguridad, el Zar guardaba el secreto afán de producir sus propias burbujas.  Ya en 1870 había firmado un decreto para crear una finca vitivinícola a orillas del Mar Negro, donde las condiciones climatológicas son similares a las de Champagne.  Sin embargo, la producción recién comenzó en 1891, bajo las órdenes del príncipe Leo Golizjn, designado por el zar como administrador del viñedo, y un grupo de enólogos franceses traídos especialmente para asesorar el proyecto.  Tras mucho trabajo, en diciembre de 1898 salió de las cavas talladas en la roca la primera botella del espumoso Abrau.  Fueron 25000 botellas exclusivamente elaboradas para la aristocracia rusa.

Champagne Cristal, el destino del zar y la pasión de Stalin

Finalmente las pesadillas del zar se volvieron realidad.  Un mañana de 1881 un brutal atentado con bombas lo deja herido de muerte, aunque estas no vinieron en una botella.  Louis Roederer continuó produciendo su lujoso Champagne para los zares hasta que en 1917 la monarquía rusa cayó, debido a la Revolución Bolchevique.  A partir de ese momento cesó la producción de Cristal y se concentraron en sus líneas habituales.

Lo que no cayó fue la pasión de los rusos por las burbujas.  El “Champagne Soviético” o “Champagne para el pueblo” comenzó a producirse a gran escala y en 1950 Stalin dispuso que debía elaborarse uno para cada ciudadano soviético al año.  En aquel momento eran unos 240 millones de habitantes y la cifra se alcanzó recién en 1980.

El Cristal de los 60 meses

Mientras tanto, en 1945 la maison decidió relanzar Cristal para competir con Dom Perignon (lanzado en 1936), manteniendo el mismo concepto de exclusividad, calidad y botella transparente que los convirtió en un ícono.  Lo elaboran a base de Pinot Noir y Chardonnay casi a partes iguales y solo cuando la añada es excelente.  Tras la segunda fermentación en botella, el vino permanece en contacto con sus borras durante 60 meses antes de ser degollado y encorchado definitivamente.  Este tiempo es casi el doble que el del promedio de los mejores Champagne franceses.

Además la champañera goza con el raro prestigio de tener uno de los viñedos más importantes de la zona con 214 hectáreas repartidas en las tres principales zonas de la región (Montagne de Reims, Vallée de la Marne y Cóte des Blancs).  Con esta uva logran satisfacer el 70% de sus necesidades de uva y les permite tener un control de la producción que no puede ninguna otra maison.  El 30% restante se compra a viñateros cuidadosamente seleccionados.

El resultado de tan esmerada vinificación es el Champagne Cristal, uno de los más sofisticados del mundo, siempre aclamado por la crítica y todo un símbolo de status.  

“Cuando Cristal está en su mejor momento descubro tonos de todo lo que hace que valga la pena vivir la vida. En resumen, uno de los champagnes clásicos más perfectos que el mundo tiene para ofrecer”

dijo Richard Juhlin, considerado el experto número 1 en la materia.

Ariel Rodríguez

Ariel Rodríguez

Ariel es un entusiasta del vino. Proviene del mundo de las letras, y fue aprendiendo poco a poco sobre el noble brebaje, escuchando a otros, leyendo libros o asistiendo a degustaciones. De esa manera comenzó a comunicar lo que le gustaba en el portal Vinarquía, que se convirtió en un espacio de crítica libre y un hobby para despuntar el vicio de la escritura, hablar sobre lo que bebe, y mil reflexiones sobre el mundo del vino argentino.

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