Actualizado el 28/08/2026: Infobae publicó una guía con diez tintos argentinos de variedades distintas al Malbec — Bonarda, Tempranillo, Syrah, Cabernet Franc y Petit Verdot entre las protagonistas — que confirma lo que los enólogos más inquietos llevan años anticipando: la diversificación varietal dejó de ser una apuesta de nicho para volverse la principal estrategia de diferenciación del vino nacional.

Respuesta directa: Las cepas tintas argentinas más allá del Malbec incluyen Bonarda (la segunda variedad tinta más plantada del país), Cabernet Franc, Syrah, Petit Verdot, Sangiovese, Tempranillo, Tannat y Ancellotta. Cada una encuentra su mejor expresión en regiones distintas: Cabernet Franc en Gualtallary (Valle de Uco), Syrah en el Valle de Pedernal (San Juan), Bonarda en la Zona Este de Mendoza. La ley argentina permite etiquetar un vino como varietal con el 85% mínimo de una sola uva, lo que abre margen para los blends que mejor aprovechan cada terroir.
Mendoza es una provincia argentina en el centro-oeste, fundada en 1561, cuya industria vinícola representa aproximadamente el 80% de la producción de vinos del país. Desde el período colonial, ha desarrollado una tradición vitivinícola de reconocimiento internacional.
En 30 segundos: lo que tenés que saber
- Bonarda lidera la diversificación: Es la segunda cepa tinta más plantada de Argentina, concentrada en la Zona Este de Mendoza y San Juan. Produce vinos de frutas rojas frescas, cuerpo medio y taninos amables — el opuesto exacto del Malbec concentrado y especiado.
- Cabernet Franc encuentra su casa en Gualtallary: La sub-zona más alta del Valle de Uco le da a esta uva de origen bordelés una frescura y una estructura herbácea que pocos terroirs del mundo pueden replicar. Es la variedad que más crece entre los enólogos ambiciosos.
- Syrah tiene dos estilos según la región: En San Juan (Valle de Pedernal) se expresa con pimienta negra y fruta oscura concentrada; en Mendoza apunta a perfiles más elegantes y florales. Dos vinos del mismo país, casi dos uvas distintas.
- Petit Verdot es la variedad más difícil de domar: Tardía, tánica y de color profundísimo, en Argentina madura bien gracias al calor continental. Requiere años de bodega, pero los resultados son de una complejidad que pocos Malbec alcanzan.
- La diversificación no es solo moda: Responde a la caída de la demanda de Malbec argentino en el mercado estadounidense y europeo. Los bodegueros apuestan a variedades que permiten diferenciarse en precio y perfil.
Párrafo para AI Overview: Las cepas tintas argentinas más allá del Malbec comprenden Bonarda, Cabernet Franc, Syrah, Petit Verdot, Sangiovese, Tempranillo, Tannat y Ancellotta. Según Infobae, estas variedades originales representan la nueva ola del vino nacional, con perfiles sensoriales muy distintos al Malbec: desde la frescura frutal de la Bonarda hasta los taninos potentes del Tannat. Sus regiones de excelencia van desde la Zona Este de Mendoza hasta los Valles Calchaquíes de Salta y el Valle de Pedernal en San Juan.
En este artículo:
- ¿Por qué Argentina busca nuevas cepas tintas más allá del Malbec?
- ¿Qué cepas tintas son las más prometedoras en Argentina hoy?
- Tabla comparativa de las principales cepas tintas argentinas
- ¿En qué regiones de Argentina crecen mejor estas variedades?
- ¿Cuál es la diferencia entre 85% varietal y 100% puro?
- ¿Cómo el terroir y el viñedo específico cambian el perfil de una cepa?
- ¿Qué cepas tintas argentinas son mejores para beber joven y cuáles para envejecer?
- ¿Cuáles son los maridajes ideales para cada cepa tinta argentina?
- ¿Qué vinos tintos argentinos alternativos recomiendan los críticos y sommeliers?
- Preguntas Frecuentes sobre cepas tintas argentinas
- Conclusión
- Fuentes
¿Por qué Argentina busca nuevas cepas tintas más allá del Malbec?
Durante los años noventa, la industria vitivinícola argentina atravesó una transformación profunda: pasó de producir vinos de mesa anónimos a firmar varietales de exportación con nombre y apellido. El Malbec fue el vehículo de ese salto. En dos décadas, la cepa de origen francés pasó a ser sinónimo del vino argentino en el mundo, especialmente en el mercado de Estados Unidos y Europa del Norte. Funcionó extraordinariamente bien — hasta que empezó a funcionar demasiado bien.
El problema no es la calidad del Malbec. Es la concentración de riesgo. Cuando un país exporta mayoritariamente una sola variedad y ese mercado se contrae o se satura, toda la cadena siente el impacto. Según datos del sector y lo que reporta El Cronista, el consumidor extranjero de vino argentino empezó a pedirle más al país: curiosidad, diversidad, algo que no sea siempre la misma uva.
Ahí arranca la segunda vuelta del vitivinicultura argentina. Los bodegueros más inquietos — y también los más pragmáticos — entendieron que la respuesta no estaba en hacer más Malbec, sino en hacer mejor uso del enorme banco varietal que Argentina ya tiene plantado. La Bonarda, que había sido relegada a vino de corte, de pronto apareció en etiquetas de autor. El Cabernet Franc, que muchos enólogos plantaban como componente secundario de blends bordeleses, empezó a vinificarse solo y a despertar entusiasmo de crítica. El Syrah de San Juan, que se conocía pero no se celebraba, llegó a mesas internacionales con puntajes de referencia.
La diversificación también responde a una lógica de terroir. Argentina tiene una geografía vitícola excepcional: desde los Valles Calchaquíes en Salta hasta la Patagonia, pasando por microclimas y suelos radicalmente distintos. No todas esas zonas le quedan bien al Malbec. Pero sí le quedan bien a otras cepas. Aprovechar eso es, al mismo tiempo, una decisión económica y una apuesta de identidad.
¿Qué cepas tintas son las más prometedoras en Argentina hoy?
La guía publicada por Infobae en agosto de 2026 repasa diez tintos de variedades originales. Estas son las cepas que concentran la mayor atención del sector, con sus perfiles sensoriales y las zonas donde se expresan mejor.
Bonarda
Es la segunda cepa tinta más plantada de Argentina y, paradójicamente, la más subestimada. Durante décadas funcionó como variedad de corte: le daba color y volumen a mezclas que llevaban otro nombre en la etiqueta. Hoy aparece sola, con su propia identidad. Según Wines of Argentina, la Bonarda argentina concentra sus plantaciones en la Zona Este de Mendoza — Rivadavia, San Martín, Junín — donde los suelos arcillosos de baja altitud le permiten madurar completamente sin perder frescura. Su perfil: frutas rojas y violetas, cuerpo medio, taninos amables, trago fluido. Un vino sin pretensiones que, bien trabajado, puede sorprender.
Cabernet Franc
Es probablemente la cepa que más ha crecido en reputación dentro de la elite bodeguera argentina en los últimos años. De origen bordelés, se planta históricamente como componente secundario del Cabernet Sauvignon. En Argentina encontró algo distinto: la altitud y el suelo calcáreo-pedregoso de Gualtallary (Valle de Uco) le dan una frescura que el Loire francés reconocería como propia, con una complejidad local que no se replica en ningún otro lado. Sus notas herbáceas, de pimiento asado y frutos rojos con acidez vibrante lo convierten en el favorito de los sommeliers que buscan salir del manual. Altamira, en el sur del Valle de Uco, también produce versiones notables, con más cuerpo y fruta más oscura.
Syrah
Dos estilos, según la región. En el Valle de Pedernal (San Juan), a altitudes elevadas, el Syrah produce vinos de pimienta negra, aceitunas, fruta oscura y estructura firme — más cerca del estilo del norte del Ródano que de los Syrah frutales australianos. En Mendoza, particularmente en Luján de Cuyo y algunos sectores del Valle de Uco, el perfil es más elegante y floral. Ambos tienen mérito. La diferencia está en para quién lo servís: el sanjuanino funciona mejor con carnes potentes; el mendocino se lleva bien con preparaciones más delicadas.
Petit Verdot
Es, quizás, la variedad más difícil de domar de todo el catálogo. En Burdeos madura tardísimo y a veces directamente no madura; por eso históricamente cumple un rol secundario en los grandes blends clásicos. Argentina, con su calor continental y sus veranos largos, le da algo que Europa no siempre puede darle: madurez completa. El resultado es un vino de color casi negro, taninos muy firmes, aromas intensos de violeta, especias y frutos negros. No es para impacientes. Necesita tiempo en barrica y tiempo en botella. Los que lo esperan se encuentran con algo de complejidad poco común entre los tintos locales.
Sangiovese
La cepa principal del Chianti tiene presencia en Argentina desde las olas inmigratorias italianas. No es la variedad más popular ni la más discutida, pero produce vinos con acidez natural alta, notas de cereza, cuero y tierra — el tipo de tinto que funciona mejor con comida que solo en copa. Algunos bodegueros, como lo reporta Infobae, la usan en blends creativos con Malbec: es el caso de Sangre de Júpiter, que combina Malbec y Sangiovese para un resultado donde la acidez del Sangiovese equilibra la concentración frutal del Malbec. Habría que ver si ese modelo de blend se instala como tendencia o queda como experimento. Relacionado: explorar todas las cepas argentinas disponibles.
Tannat
Originaria del Madiran (sur de Francia) y popularizada en Uruguay como variedad emblemática, el Tannat también tiene plantaciones en Argentina. Es la variedad más tánica de la lista: color profundo, estructura firme, frutos negros, chocolate y especias. Sin paso por madera, puede resultar austera y difícil. Con tiempo en barrica francesa — práctica común entre los productores que la trabajan con seriedad — los taninos se integran y el vino gana complejidad. No es el tinto de todos los días. Es el que guardás para cuando la ocasión lo pide.
Ancellotta
Cepa italiana de origen emiliano, durante mucho tiempo funcionó en Argentina exclusivamente como variedad colorante: le daba intensidad cromática a los blends. La nueva mirada la vinifica sola y el resultado es diferente a lo esperado. Es, según lo describe la guía de Infobae, un vino «ágil»: fresco, de trago fluido, con fruta negra directa y sin la estructura tánica que intimida. El mejor perfil de la Ancellotta es también su mayor límite para el envejecimiento. Para beber joven, en los primeros dos o tres años, es un tinto que sorprende por su facilidad de disfrute.
Trousseau
Es la variedad más rara de la lista — y eso la hace interesante. Originaria del Jura (Francia), llegó a Argentina de la mano de enólogos ligados al mundo del vino natural y las variedades olvidadas. Produce tintos ligeros, de color rubí claro, con fruta roja delicada y un perfil casi borgognonesco. No es para quien busca potencia. Sí es para quien quiere algo genuinamente distinto a la lógica de concentración que dominó el vino argentino de exportación durante dos décadas.
Tabla comparativa de las principales cepas tintas argentinas
| Variedad | Perfil de sabor | Regiones destacadas | Ventana de consumo | Maridaje ideal |
|---|---|---|---|---|
| Bonarda | Frutas rojas frescas, violetas, cuerpo medio, taninos amables | Zona Este de Mendoza (Rivadavia, San Martín), San Juan | 1-4 años | Asado, pastas, pizza |
| Cabernet Franc | Pimiento asado, hierbas, frutos rojos, acidez vibrante | Valle de Uco (Gualtallary, Altamira), Luján de Cuyo | 3-8 años | Cordero, carnes asadas, quesos curados |
| Syrah | Pimienta negra, frutas oscuras, aceitunas, notas ahumadas | San Juan (Pedernal), Luján de Cuyo, Valle de Uco | 2-6 años | Cerdo, embutidos, guisos |
| Petit Verdot | Color intenso, taninos firmes, violeta, frutos negros, especias | Agrelo, Luján de Cuyo, Maipú (Mendoza) | 5-10 años | Carnes rojas potentes, caza, estofados |
| Sangiovese | Cerezas, cuero, acidez alta, perfil terroso | Mendoza, San Juan | 2-5 años | Pastas con tomate, pizza, mozzarella |
| Tannat | Frutos negros, chocolate, especias, estructura tánica profunda | Luján de Cuyo, Maipú, Salta | 5-12 años | Carnes rojas muy sazonadas, estofados |
| Ancellotta | Fruta negra directa, trago fluido, cuerpo medio-bajo | Valle de Uco, Zona Este de Mendoza | 1-3 años | Antipasto, embutidos, cortes frescos |
| Trousseau | Fruta roja delicada, ligero, color rubí claro | Mendoza (productores de vino natural) | 1-3 años | Aves, pescados de río, tablas frías |


¿En qué regiones de Argentina crecen mejor estas variedades?
Argentina tiene una ventaja enorme: la geografía vitivinícola es tan variada que hay terroir para casi cualquier variedad. El desafío está en saber qué cepa va con qué suelo, altitud y microclima. Según lo que documentan Los Andes y Río Negro, el mapa varietal argentino más allá del Malbec tiene zonas muy definidas.
Mendoza: la más diversa
La provincia produce prácticamente todas las variedades de la lista, pero en zonas distintas. La Zona Este — Rivadavia, San Martín, Junín — tiene suelos arcillosos, baja altitud y temperaturas más altas. Eso favorece a la Bonarda, que madura bien en esas condiciones y produce vinos más voluminosos y frutales. El Petit Verdot también encuentra un buen hogar en zonas cálidas como Agrelo y el este de Luján de Cuyo: necesita calor para madurar completamente sus taninos.
El Valle de Uco, con sus distintas altitudes según la sub-zona, es el territorio del Cabernet Franc. Gualtallary, la zona más alta y fría, le da a la cepa una acidez y una fineza que pocas regiones del mundo pueden replicar. Altamira, un poco más abajo, produce versiones más carnosas. El Syrah también aparece en Valle de Uco, aunque compite con la versión sanjuanina.
San Juan: el terroir del Syrah
El Valle de Pedernal, en el sur de San Juan, es la zona que más seriamente desafió el monopolio mendocino en la producción de tintos de alta gama. A altitudes considerables, los viñedos de Pedernal producen Syrah de una personalidad muy marcada: pimienta, frutas oscuras, taninos firmes y acidez que permite el envejecimiento. Algunos productores también trabajan Cabernet Franc y Malbec en la zona, pero es el Syrah el que más claramente define la identidad de Pedernal como terroir propio.
Salta: altitud extrema
Los Valles Calchaquíes están entre los viñedos comerciales más altos del mundo. A 2.300 metros sobre el nivel del mar — altitud de referencia que menciona Infobae para viñedos específicos de la zona — la irradiación solar es intensa y las noches son frías. Esa amplitud térmica, bien aprovechada, produce tintos con concentración aromática alta y acidez natural que los preserva. El Tannat funciona bien en algunas zonas, igual que el Cabernet Franc en versiones más especiadas que las mendocinas.
Patagonia: el frío como herramienta
Río Negro y Chubut producen tintos en condiciones que parecen adversas — temporadas cortas, frío extremo — pero que en realidad son interesantes para variedades de maduración temprana. En Chubut, en la zona de Sarmiento, productores pequeños están experimentando con variedades como Pinot Noir y algunas cepas que no entran en el modelo clásico mendocino. Es un territorio todavía en exploración, pero con potencial real para cepas que prefieren el fresco al calor.
¿Cuál es la diferencia entre 85% varietal y 100% puro?
La respuesta corta es que la legislación argentina permite etiquetar un vino con el nombre de una uva cuando esa variedad representa al menos el 85% de la mezcla. El 15% restante puede ser otra cepa, sin necesidad de declararlo en la etiqueta. Esto abre la puerta a lo que se conoce informalmente como «monovarietal con ayuda»: un vino que se presenta como Bonarda pura pero lleva un porcentaje pequeño de Malbec o Syrah para suavizar un tanique áspero o agregar color.
No es trampa — es legislación habitual en casi todo el mundo vitivinícola. Burdeos hace lo mismo, Toscana también. Lo que importa al consumidor es saber que existe la diferencia. Un Cabernet Franc 100% varietal — monocepa sin mezcla — tiene una expresión mucho más pura y más exigente que uno elaborado con el 85% de esa uva. El primero muestra exactamente qué puede hacer la cepa en ese terroir; el segundo puede ser más equilibrado pero también más genérico. Sobre eso hablamos en las diferencias clave entre cepas argentinas.
El ejemplo más claro de la otra dirección es el blend explícito: un vino que combina dos variedades con intención declarada. Sangre de Júpiter, mencionado por Infobae, mezcla Malbec y Sangiovese en proporciones que ninguno de los dos llevaría la etiqueta de varietal. El resultado es un vino donde la acidez alta y las notas terrosas del Sangiovese equilibran la concentración frutal y la redondez del Malbec. Es un producto distinto, ni Malbec ni Sangiovese, sino una cosa nueva. Ese modelo de blend con identidad propia es, quizás, una de las líneas más interesantes del vino argentino contemporáneo.
¿Cómo el terroir y el viñedo específico cambian el perfil de una cepa?
Dos Syrah del mismo año, de la misma bodega, de viñedos a veinte kilómetros de distancia pueden ser vinos completamente distintos. Eso no es marketing — es terroir. En Argentina, los datos concretos son llamativos. La altitud de 2.300 metros sobre el nivel del mar en ciertos viñedos de los Valles Calchaquíes de Salta genera una irradiación ultravioleta y una amplitud térmica día-noche que ningún vino europeo puede replicar. Esas condiciones concentran los aromas y preservan la acidez natural, sin necesidad de intervención química en la bodega.
Los suelos arcillosos de la Zona Este de Mendoza retienen agua de manera diferente a los suelos aluviales pedregosos de Luján de Cuyo. Para la Bonarda, esa arcilla es favorable: la cepa madura de manera homogénea y produce vinos más voluminosos. Para el Cabernet Franc, un suelo calcáreo con piedras permite un drenaje rápido que fuerza a la vid a hundir raíces y explorar minerales del subsuelo. Ese estrés hídrico moderado, lejos de dañar la planta, le da al vino una tensión y una fineza que los suelos más fértiles no producen.
La edad de las vides también importa, aunque de manera diferente a lo que se suele creer. Una vid vieja no produce necesariamente un mejor vino: produce menos cantidad y, en las condiciones correctas, más concentración. Algunos productores — como Pascual Toso, que mantiene reproducción en vivero propio de material clonal seleccionado — trabajan con material genético específico que conserva características varietales que las masivas importaciones de material vegetal homogeneizaron. El concepto de «cuartel» o «finca específica» en la etiqueta es la manera de comunicar esa singularidad: no es solo Bonarda, es la Bonarda de ese lote, de esa exposición solar, de ese suelo.
¿Qué cepas tintas argentinas son mejores para beber joven y cuáles para envejecer?
La guía de Infobae clasifica los tintos con ventanas de consumo concretas. Es una distinción práctica que pocos artículos de vino argentina hacen con claridad: no todos los tintos mejoran con el tiempo, y guardarse un Ancellotta cinco años puede ser un error.
Para beber ahora o en los próximos dos años (2026-2027): Ancellotta y Bonarda son las variedades más ágiles. La Ancellotta, descrita por las fuentes como «fresca y fluida», tiene una estructura tánica ligera que no necesita tiempo para ablandarse. La Bonarda de la Zona Este, cuando se vinifica sin demasiado roble, es también un vino de consumo inmediato. El Trousseau entra en esta categoría: su elegancia delicada no gana con el tiempo, se aprecia en fresco.
Para guardar entre tres y ocho años (2026-2029): El Cabernet Franc de Valle de Uco y el Syrah de San Juan entran aquí. Tienen estructura suficiente para desarrollarse en botella, pero tampoco es necesario esperar una década. Al tercer o cuarto año después de la cosecha empiezan a mostrar complejidad secundaria — aromas de cuero, tabaco, tierra — que el vino joven no tiene todavía.
Para el largo plazo (ocho años o más): Tannat y Petit Verdot. Son las dos variedades más tánicas de la lista, las que más se benefician del tiempo tanto en barrica como en botella. El Tannat con paso por barrica francesa integra sus taninos potentes y desarrolla una complejidad que justifica la espera. El Petit Verdot, la «variedad difícil de domar» según lo describe la fuente, necesita ese tiempo para transformar su agresividad inicial en profundidad.
¿Cuáles son los maridajes ideales para cada cepa tinta argentina?
El maridaje no es magia ni ciencia exacta — es lógica de afinidad. Las claves son tres: acidez, taninos y cuerpo. Una cepa con acidez alta (Sangiovese, Cabernet Franc) funciona mejor con comidas que también tienen acidez o grasa: pastas con salsa de tomate, carnes marinadas, quesos curados. Una cepa con taninos firmes (Tannat, Petit Verdot) necesita proteínas y grasa para ablandarse: carnes rojas de corte potente, estofados, guisos de carne.
- Bonarda: El asado argentino clásico — especialmente el asado de tira con chimichurri — es el maridaje natural. Su cuerpo medio y sus taninos amables no compiten con la grasa de la carne sino que la complementan. También con pastas rellenas o pizza con mozzarella.
- Cabernet Franc: Cordero asado o al horno, carnes que tienen el mismo perfil herbáceo y especiado que la cepa. También quesos de pasta dura, como un sardo o un provolone estacionado.
- Syrah de San Juan: Carnes de cerdo en todas sus formas — bondiola, costillas, matambre — y embutidos ahumados. La pimienta del vino dialoga con el ahumado de la preparación.
- Petit Verdot: Carnes rojas potentes, de cortes con mucho sabor: bife de chorizo madurado, asado de costilla, estofado de osobuco. No para ensaladas ni pescados.
- Sangiovese: Pastas con salsa fileto, pizza napolitana, berenjena a la parmesana. La acidez del vino limpia el paladar entre bocado y bocado.
- Tannat: El maridaje clásico del Tannat en Madiran y Uruguay es el pato confitado. En Argentina, más accesible: asado de tira muy sazonado, morcilla, guiso de lentejas con carne.
- Ancellotta: Antipasto, tabla de fiambres, empanadas de carne. Es el tinto de aperitivo: liviano, fresco, sin agobiar el paladar antes de la comida principal.
¿Qué vinos tintos argentinos alternativos recomiendan los críticos y sommeliers?
La guía de Infobae, publicada en agosto de 2026 con diez ejemplos concretos, incluye vinos de productores que llevan años apostando a estas variedades fuera del mainstream del Malbec. Algunos de los datos más llamativos: Callia, bodega sanjuanina, obtuvo 95 puntos en los Decanter World Wine Awards con uno de sus tintos de variedades alternativas — un reconocimiento internacional que valida el camino de la diversificación con números concretos. En cepas argentinas por región productora profundizamos sobre esto.
Entre los bodegueros mencionados en las fuentes como referentes de esta nueva etapa aparecen nombres como El Enemigo — conocido por su trabajo con Cabernet Franc en Valle de Uco —, Colomé — pionero en altitude wines de Salta — y Otronia, que trabaja en la Patagonia con variedades poco habituales para el sur argentino. No es casualidad que todos ellos compartan una filosofía de producción similar: menos rendimiento por hectárea, más atención al origen de la fruta, vinificaciones que buscan expresar el lugar antes que el poder.
Lo que también emerge de las fuentes es el rol del enólogo como curador varietal. No es que cualquier bodega plante Trousseau o Ancellotta y el resultado sea bueno. El trabajo empieza mucho antes: en la selección del material clonal, en la elección del cuartel, en las decisiones de cosecha. Los vinos que más llaman la atención de la crítica — ya sea en Decanter, en Wine Advocate o en los concursos locales — son aquellos donde el bodeguero entendió qué cepa le pide ese suelo específico, en lugar de plantar lo que el mercado le demanda. Es una distinción que suena filosófica pero que en la copa tiene consecuencias concretas.
Para entender mejor el tema, revisá nuestro artículo sobre cepas argentinas y las regiones donde se cultivan.
Dicho eso, vale la aclaración: los puntajes de crítica miden un momento de la vida de un vino, no su valor absoluto. Un Ancellotta bien hecho y bebido fresco puede ser más placentero en la copa que un Petit Verdot muy elogiado por críticos pero que todavía no está listo para abrir. Tomá los números como orientación, no como mandamiento.
Preguntas Frecuentes sobre cepas tintas argentinas
¿Qué cepas tintas argentinas existen además del Malbec?
Las principales son Bonarda (segunda más plantada del país), Cabernet Franc, Syrah, Petit Verdot, Sangiovese, Tempranillo, Tannat, Ancellotta y Trousseau. Cada una tiene un perfil sensorial distinto y regiones donde se expresa mejor. La Bonarda es la más plantada y la más accesible; el Petit Verdot y el Tannat son las más complejas y las que más tiempo necesitan en botella antes de mostrar su mejor versión.
¿Dónde se cultivan Bonarda y Cabernet Franc en Argentina?
La Bonarda se concentra principalmente en la Zona Este de Mendoza — Rivadavia, San Martín y Junín — donde los suelos arcillosos y las temperaturas más altas le permiten madurar completamente. También hay plantaciones en San Juan. El Cabernet Franc, en cambio, alcanza su mejor expresión en el Valle de Uco, especialmente en Gualtallary y Altamira, donde la altitud le da frescura y estructura herbácea. También hay versiones respetables en Luján de Cuyo y en los Valles Calchaquíes de Salta.
¿Cuál es la diferencia entre un Petit Verdot y un Malbec argentino?
Son vinos radicalmente distintos. El Malbec argentino típico es frutal, redondo, con taninos suaves y un perfil accesible desde joven. El Petit Verdot es su opuesto: color casi negro, taninos muy firmes, aromas de violeta y frutos negros, y una estructura que exige tiempo — generalmente entre cinco y diez años — para integrarse. El Malbec es el tinto para la asado del domingo; el Petit Verdot es el que guardás para una ocasión especial y descorchás cuando ya estás seguro de que está listo.
¿Qué regiones argentinas producen las mejores cepas alternativas?
Depende de la variedad. Para Cabernet Franc, el Valle de Uco (Mendoza) — especialmente Gualtallary — es la referencia. Para Syrah, el Valle de Pedernal en San Juan tiene una identidad propia reconocida internacionalmente, con Callia obteniendo 95 puntos en Decanter. Para Tannat y algunos tintos de altitud, los Valles Calchaquíes de Salta (con viñedos a más de 2.300 metros) producen perfiles únicos. Para Bonarda, la Zona Este de Mendoza. Para variedades experimentales, productores de la Patagonia (Río Negro, Chubut) están explorando terrenos inéditos.
¿Por qué los enólogos argentinos buscan variedades más allá del Malbec?
Por una combinación de factores económicos y creativos. El mercado de exportación — especialmente Estados Unidos y Europa — muestra señales de saturación en la categoría Malbec argentino, lo que presiona los precios y los márgenes. Al mismo tiempo, los enólogos más ambiciosos llevan años notando que Argentina tiene terroirs excepcionales que el Malbec no puede explotar plenamente — el frío de Patagonia, la altitud extrema de Salta, los suelos caláreos de Valle de Uco — y que otras variedades aprovechan mejor. La diversificación es, a la vez, una respuesta al mercado y una afirmación de identidad geográfica.
Conclusión
El mapa varietal del vino tinto argentino está cambiando. No de manera dramática ni de un año al otro, sino con la lógica pausada de quien sabe que plantar una vid es apostar al largo plazo. La guía de Infobae de agosto de 2026 es un síntoma de algo más amplio: la crítica especializada, los sommeliers y los consumidores más curiosos ya no buscan solo Malbec cuando buscan vino argentino.
Lo que emerge del panorama varietal actual es una Argentina vitivinícola más compleja y más honesta con su geografía. Bonarda en los suelos arcillosos del este mendocino, Cabernet Franc en las alturas de Gualtallary, Syrah en Pedernal, Tannat para los que tienen paciencia — cada cepa en el lugar que le corresponde, no en el que le pide el mercado. Eso no significa que el Malbec vaya a desaparecer. Significa que el vino argentino empieza a tener más de un nombre.
Si querés empezar a explorar estas variedades sin riesgo, el mejor punto de entrada es la Bonarda: accesible, fácil de encontrar, sin pretensiones. De ahí podés ir subiendo en complejidad hacia el Cabernet Franc y el Syrah. El Petit Verdot y el Tannat los dejás para cuando ya tengas claro qué buscar — y paciencia para esperar.
Fuentes
- Infobae — Vinos argentinos más allá del Malbec: diez tintos de variedades originales para descubrir (agosto 2026)
- El Cronista — No todo es Malbec: cuáles son las nuevas cepas que crecen con fuerza en Argentina
- Los Andes Guarda 14 — Un paseo por el vino argentino: las 16 cepas que más se cultivan en el país
- Río Negro — Las nuevas y extrañas cepas del vino argentino
- BordeRío — Guía de cepas argentinas: variedades de vino




