La forma de tu cuerpo, desde Helena de Troya hasta Kate Moss

En la antigüedad el hombre era la medida de todas las cosas, tal como lo expresó un viejo filósofo griego.  Pulgada, palmo, codo, pie, son unidades de medida que hemos escuchado nombrar más de una vez y que aún se siguen usando en muchos países.  Su origen es tan antiguo que no podemos precisarlo, pero surgieron de la necesidad de medir sin los instrumentos portables de hoy en día y sin una convención concreta.  Los que adoptamos el sistema métrico las dejamos atrás hace mucho tiempo, pero vaya uno a comprar un caño de gas y ya tendrá que lidiar con pulgadas y fracciones.

Cualquiera podía medir un par de pulgadas con sus dedos o un par de pasos caminando por la habitación, pero había un grave problema: cada región tenía unas medidas sutilmente diferentes y los palmos de una mano egipcia podían ser distintos a los de una mano griega.  Digámoslo claramente, no había lugar a precisiones.  Protágoras, el filósofo de la frase, se reía cínicamente porque también quería decir que como cada hombre es la medida de las cosas, estas se volvían  relativas.

Las medidas de los hombres también se aplicaron al vino.  Una de las teorías más difundidas sobre el volumen de las botellas tiene aquí su base.  ¿Alguna vez te preguntaste por qué las botellas de vino tienen una capacidad de 750 mililitros y no un litro o medio?  Hay quienes sostienen que la capacidad pulmonar de un soplador promedio de botellas está entre los 700 y 800 mililitros.  Por supuesto que puede esforzarse más, pero a la hora de producir botellas en masa debe haber un trabajo constante y esa era la medida.  Por otra parte, era considerada la medida de la moderación en una época que castigaba los excesos.  Hay quienes refutan todo esto y proponen otras teorías igual de dudosas, pero dejémoslo para una próxima nota.

El mundo del vino nos ha deparado formas más curiosas de medir la capacidad de un recipiente.  Muchos hombres poderosos de la historia han llevado a tal punto su ardorosa pasión por mujeres y amantes que han hecho de sus pechos copas para beber.  Una leyenda asegura que Paris hizo una copa en honor al busto de Helena de Troya.  “¿Has visto (…) la copa a la que sirvió de modelo el seno izquierdo de Helena?” se pregunta el Premio Nobel de Literatura Henryk Sienkiewicz en su novela Quo Vadis?.  Otro que hizo un pedido similar de artesanía fue Enrique II, enamorado Rey de Francia sobre el modelo de los pechos de Diana de Poitiers.  Con una finalidad más comercial, en 2014 el restaurante londinense 34 encargó al escultor Jake McAdam Freud, hijo del pintor Lucian Freud, la realización de una copa a partir de la forma de la mama izquierda de la modelo Kate Moss, quien cumplía 25 años sobre las pasarelas.  Sin embargo, las más famosas por su trascendencia son las copas de Champagne hechas a “la medida” de María Antonieta.

No me refiero a las copas flautas (lo que hubiera sido una aberración) sino a esas copas anchas y bajas, bastante desusadas ya, para servir vinos espumosos.  Aunque puedan sonar a conjeturas producto de la imagen glamorosa y decadente de los últimos reyes de Francia, lo cierto es que en Versalles se encuentran unos tazones con forma de seno conocidos como jattes tétons (cuencos pezones), inspirados en la desafortunada Reina y elaborados en cerámica de Sèvres.  No se sabe a ciencia cierta qué se bebía en esos cuencos, pero sí que las copas de cristal de las que hablábamos se popularizaron rápidamente entre la aristocracia.  Algunos historiadores indican que estas copas tipo María Antonieta ya se utilizaban en Inglaterra desde hace unos 100 años antes.  Lo que no dicen es si se inspiraron en la teta de alguna celebridad de la época.

Si sobre formas hablamos las botellas son algo icónico.  Sus curvas no son la copia de las de ninguna aristócrata sino que responden a necesidades prácticas.  Los hombros permiten que la borra producida con los años se quede allí.  Sin embargo hay un tipo de botella, conocida como Botella Borgoña que tiene hombros caídos.  Son las que tradicionalmente se usan para Pinot Noir y Chardonnay (cepajes típicos de Bourgogne).  Como el Pinot y el Chardonnay no tienen precipitados no hacen falta que tengan hombros, sin embargo a los borgoñones les gusta contar que estos envases se inspiran en ellos.  Mientras que el productor de Bordeaux tiene una fisonomía y estilo burgués, el de Bourgogne es más campesino, acostumbrado a andar por superficies accidentadas y orgulloso de su trabajo.  Por eso, y para picar aún más la rivalidad que tienen con los otros grandes productores franceses, dicen que ellos son gente de hombros cansados de tanto trabajar, como sus botellas.

Conclusiones

En el mundo del vino hay muchas tradiciones y algunas nos pueden sonar absurdas.  De hecho, tal vez lo son.  Y es que el vino es un producto humano y puede tener sus momentos absurdos como nosotros mismos.  Pero de lo que no me quedan dudas es que como producto humano está hecho a semejanza de nosotros, la copa presupone una mano, el líquido existe por el genio humano, cada cepa representa nuestra identidad.  En fin, el vino es cultura.

Scroll al inicio