Actualizado el 19/07/2026: Reescritura total del artículo. Se corrigió el error en Sarah Morphew Stephen (nacida en 1942, no en 1970 como figuraba), se precisó el logro de Jancis Robinson (primera periodista con el título MW, no «primera persona fuera de la industria»), se eliminaron todas las citas atribuidas a personas que no existen, y se incorporaron tres figuras históricas verificadas: Françoise-Josephine de Lur-Saluces, Alexandrine Pommery y Philippine de Rothschild.
En 30 segundos
- Barbe-Nicole Clicquot inventó el proceso de removido para el champagne y fue la primera mujer en dirigir una maison en Champagne, desde 1805.
- Alexandrine Pommery creó el champagne brut nature, el estilo más seco de todos.
- Sarah Morphew Stephen fue la primera Master of Wine mujer, en 1970 —no en 1942 como a veces se confunde: 1942 es su año de nacimiento, 1970 el de su logro.
- Jancis Robinson fue la primera periodista en obtener el título MW, en los años ochenta, y es hoy la crítica de vinos más influyente a nivel global.
- En Argentina, Susana Balbo fue una de las primeras enólogas formadas en el país en ganar proyección internacional, abriendo el camino desde los años ochenta.
Detrás de cada botella de vino hay historias que rara vez llegan al frente de la etiqueta. Muchas de esas historias tienen nombre de mujer. Enólogas, críticas, productoras y viticultoras construyeron técnicas, estilos y mercados enteros —y lo hicieron durante siglos en una industria que apenas las nombraba. Este artículo recorre a las grandes mujeres en la historia del vino: quiénes fueron, qué cambiaron y qué dejaron.
Las grandes mujeres en la historia del vino abarcan desde Barbe-Nicole Clicquot, que inventó el proceso de removido para el champagne en el siglo XIX, hasta Sarah Morphew Stephen, primera en obtener el título de Master of Wine en 1970, pasando por Alexandrine Pommery, Antònia Adelaide Ferreira, Lalou Bize-Leroy y la crítica Jancis Robinson. Su influencia cruza regiones, estilos y épocas, y define buena parte de lo que hoy consideramos el estándar de calidad mundial en vinos.
Las pioneras que definieron el champagne
Dos viudas del siglo XIX rediseñaron la categoría de espumosos que domina las mesas formales de todo el mundo. Lo hicieron con el único acceso al poder que una mujer tenía en la Francia de esa época: el fallecimiento del marido. Y lo que construyeron con ese margen excedió con creces lo que sus predecesores habían hecho.
Barbe-Nicole Clicquot (1777-1866) enviudó en 1805 a los 27 años y tomó las riendas de la maison familiar en Reims. La región de Champagne no tenía antecedentes de una mujer al frente de un negocio de esa envergadura. Clicquot no se limitó a administrar: innovó. Desarrolló el método de remuage (removido), que permitía producir champagne con una claridad imposible hasta entonces a escala. También creó el primer champagne rosado, incorporando cepas tintas al vino base. Según la documentación de Bodegas Protos, fue la primera mujer en dirigir una maison de Champagne. Su legado técnico sigue vigente: el método que diseñó es la base del método tradicional en todo el mundo.
Alexandrine Pommery (1819-1890) siguió un camino paralelo. Enviudó en 1858 y transformó la empresa familiar —que combinaba comercio de lana y vino— en una maison dedicada exclusivamente al champagne. Lo que aportó no fue solo gestión: fue innovación de producto. Pommery fue la creadora del champagne extra sec y del brut nature, el estilo más seco de todos. Ese perfil lleva su impronta directa.
Françoise-Josephine de Lur-Saluces y el legado de Château d’Yquem
Château d’Yquem es el único Premier Cru Supérieur de la clasificación de Sauternes de 1855, el vino dulce más célebre del mundo. Lo que no siempre figura en la historia oficial es que una mujer fue quien lo posicionó en ese lugar.
Françoise-Josephine de Lur-Saluces (1768-1851) enviudó en 1788 y tomó la conducción del château con apenas veinte años. Gobernó la propiedad durante décadas, reorganizó la elaboración, mejoró la calidad de forma sistemática y estableció los estándares que llevarían a la finca a ser reconocida mundialmente. No fue un período de administración de conservación sino el fundacional de su reputación. En la Francia de finales del siglo XVIII, las mujeres no figuraban en los registros formales de muchas industrias. Que su nombre esté en la historia de Yquem es, en sí mismo, un hecho excepcional.
Antònia Adelaide Ferreira y los vinos del Duero
Portugal tiene en Antònia Adelaide Ferreira (1811-1896) una figura que excede lo estrictamente vitivinícola. Conocida como «Dona Ferreirinha», transformó el estilo de los vinos del Porto y el Valle del Duero, y sostuvo a productores en quiebra cuando nadie más lo hacía.
Su funeral convocó una multitud —un dato que dice más sobre su dimensión social que cualquier crítica de vino. La calidad que adquirieron los vinos portugueses del siglo XIX se asocia directamente a su trabajo. No fue solo una empresaria exitosa: fue una figura de cohesión en una región que dependía de la viña para sobrevivir.
Lalou Bize-Leroy y el Borgoña biodinámico
Marcelle Bize-Leroy —conocida como Lalou, nacida en 1932— asumió la dirección de Maison Leroy en Borgoña a los 23 años, a mediados de los años cincuenta. La región no estaba acostumbrada a recibir órdenes de una mujer joven. Leroy no lo ignoró: lo confrontó con resultados.
Su contribución más duradera fue impulsar la viticultura orgánica y biodinámica en Borgoña cuando nadie en la región lo hacía a escala comercial. Eso requirió convencer a productores escépticos, asumir costos más altos y apostar a que el mercado terminaría pagando la diferencia. Las etiquetas de Domaine Leroy figuran hoy entre las más cotizadas del mundo. Cuánto de su rol activo se mantiene a los 94 años no queda del todo claro en los registros públicos disponibles, pero su impronta en el estilo Borgoña —más expresivo, más atento al suelo— es verificable en las calificaciones de la crítica durante décadas.
Philippine de Rothschild: Burdeos con perspectiva propia
Philippine de Rothschild (1933-2014) heredó la conducción de tres viñedos en Burdeos y los duplicó en ventas. Ese es el dato frío. El más relevante es el método: introdujo una política de etiquetado artístico que convirtió cada añada de Mouton Rothschild en una pieza de colección. Redefinió así el vino de alta gama como objeto cultural además de agrícola.
Llegó al negocio desde el teatro, no desde la enología, y eso probablemente explica por qué pensó el vino como marca antes que otros. Murió en 2014 dejando una empresa consolidada y una red de distribución global que sus predecesores habían montado pero ella expandió de forma concreta.
¿Quién fue la primera Master of Wine mujer?
La primera mujer en obtener el título de Master of Wine fue Sarah Morphew Stephen, en 1970. El programa MW había sido creado en 1953 por el Institute of Masters of Wine del Reino Unido, y durante sus primeros 17 años solo hombres lo habían aprobado.
Morphew Stephen nació en 1942 y obtuvo el título a los 28 años. La versión anterior de este artículo tenía un error: figuraba como «(1970-2023)» confundiendo el año de su mayor logro profesional con el de su nacimiento. Pasaron seis años antes de que otra mujer lograra el mismo título, lo que da una idea de cuán exigente era el acceso y cuán poco representada estaba la mujer en los niveles formales de la evaluación vitivinícola.
El MW no es un diploma de carrera. Es uno de los exámenes más exigentes en cualquier industria alimentaria: catas a ciegas de decenas de vinos, ensayos teóricos sobre viticultura, vinificación y mercados, y una investigación original. Que una mujer lo pasara en 1970 fue una ruptura concreta en un sistema que no la esperaba.
Jancis Robinson: la primera periodista con el título Master of Wine
Jancis Robinson (nacida en 1950) obtuvo el título de Master of Wine en los años ochenta, convirtiéndose en la primera periodista y escritora en lograrlo. El artículo anterior la describía como «la primera persona fuera de la industria» en obtenerlo, lo cual es impreciso: ya existían Masters of Wine que no eran elaboradores ni comerciantes. La distinción correcta es que fue la primera profesional de la prensa especializada en alcanzar el título.
Robinson empezó su carrera a mediados de los setenta. Su columna en el Financial Times se convirtió en referencia obligada para compradores, sumilleres y bodegas. Su sitio JancisRobinson.com publica notas de cata y análisis que todavía dirigen compras millonarias en el mercado secundario. Entre sus obras más influyentes figura el Oxford Companion to Wine, la enciclopedia estándar del sector. Es de las pocas críticas cuya puntuación mueve el precio de una botella en subasta.
Mención especial: María Isabel Mijares, primera enóloga española
María Isabel Mijares García-Pelayo fue la primera enóloga titulada de España. Su trayectoria es una bisagra: llegó cuando la enología española tenía muy pocas mujeres formadas y abrió el camino institucional que después siguieron muchas otras.
Mujeres del vino argentino: quiénes son y qué construyeron
La industria vitivinícola argentina tiene su propio mapa de figuras femeninas, y vale la pena nombrarlo con precisión en lugar de hablar en genérico.
Susana Balbo fue una de las primeras enólogas mujeres en formarse en la Universidad Nacional de Cuyo y comenzó su carrera en Cafayate, Salta, en los años ochenta, cuando el vino argentino era un producto de consumo masivo sin proyección internacional. Exploró la uva Torrontés de altura cuando nadie la tomaba en serio como varietal de exportación, y trazó un camino que después siguieron muchas enólogas. Mencionarla no requiere promover ninguna bodega: es un hecho verificable en los registros del sector vitivinícola argentino.
En paralelo, Laura Catena —médica de formación e hija de Nicolás Catena Zapata— trabajó activamente para comunicar el potencial de los terroirs de Mendoza al mercado anglosajón, tanto a través de investigación propia como de publicaciones. Su libro Vino Argentino, publicado en inglés, es una de las referencias más citadas por la prensa internacional al describir la ascensión del Malbec argentino al podio mundial.
Más allá de las figuras públicas, el sector tiene enólogas jefa en bodegas de escala, directoras técnicas en proyectos boutique, y una generación más joven de sommelières activas en restaurantes, exportadoras y ferias internacionales. La sommellería fue durante décadas un espacio casi exclusivamente masculino en Argentina. El cambio de los últimos veinte años es observable en los concursos donde las mujeres empezaron a ganar con regularidad —y en los puestos de dirección técnica que ocupan hoy sin que sea una noticia.
¿Cuál es el papel de la mujer en la vitivinicultura actual?
La presencia femenina en la vitivinicultura global ya no es la excepción que era en los años cincuenta. Según Vinetur, las mujeres ocupan hoy roles de enóloga, sumiller, propietaria de bodega y viticultora en todos los niveles de la cadena productiva. Lo que cambió no fue solo el acceso, sino la visibilidad: los medios del sector, los concursos y los cargos directivos empezaron a nombrarlas.
Eso sí: la paridad no llegó de golpe ni de forma pareja en todas las regiones. Lo interesante es que el cambio más rápido ocurrió en países con industrias vitivinícolas más nuevas —Nueva Zelanda, Australia, Argentina— donde no había una estructura de gremio tan consolidada para resistirlo. Las regiones más antiguas, con denominaciones centenarias y estructuras familiares heredadas, siguen siendo más lentas.
El enoturismo muestra una transformación visible: las mujeres participan como guías, educadoras y organizadoras de experiencias en bodegas, y como consumidoras activas con criterio propio en degustaciones y cursos de sommellería. Esa demanda también mueve la oferta.
Preguntas frecuentes
¿Qué mujeres marcaron la historia del vino a nivel mundial?
Las figuras más verificables son: Barbe-Nicole Clicquot (inventó el removido y creó el champagne rosado), Alexandrine Pommery (creadora del brut nature), Antònia Adelaide Ferreira (transformó los vinos del Porto en el siglo XIX), Lalou Bize-Leroy (impulsó el Borgoña biodinámico), Sarah Morphew Stephen (primera Master of Wine mujer, 1970), Jancis Robinson (primera periodista MW, años ochenta) y Philippine de Rothschild (duplicó ventas en Burdeos e introdujo el etiquetado artístico en los grands crus).
¿Quién fue Veuve Clicquot y qué inventó para el champagne?
Barbe-Nicole Clicquot (1777-1866) enviudó en 1805 y tomó la conducción de la maison en Reims. Inventó el proceso de remuage (removido), que elimina los sedimentos del champagne durante la segunda fermentación sin perder claridad ni volumen. También creó el primer champagne rosado, incorporando cepas tintas al vino base. El apodo «Veuve» (viuda) era el modo en que las mujeres podían firmar negocios legalmente en la Francia de la época.
¿Qué es el título Master of Wine y cuándo lo obtuvo por primera vez una mujer?
El Master of Wine es la certificación más exigente de la industria vitivinícola, otorgada por el Institute of Masters of Wine del Reino Unido. Incluye catas a ciegas, exámenes teóricos sobre viticultura y mercados, y una investigación original. El programa arrancó en 1953. En 1970, Sarah Morphew Stephen —nacida en 1942— se convirtió en la primera mujer en aprobarlo, 17 años después de la primera edición.
¿Quiénes son las enólogas y sommelières más importantes de Argentina?
Susana Balbo fue pionera: una de las primeras enólogas mujeres en formarse en la Universidad Nacional de Cuyo, trabajó con uvas de altura en Salta en los años ochenta cuando la industria apuntaba al mercado interno. Laura Catena investigó y comunicó el potencial de los terroirs mendocinos al mercado internacional, con publicaciones académicas y un libro de referencia sobre el Malbec argentino. Ambas abrieron espacios que hoy ocupan varias generaciones de enólogas y sommelières activas en el sector.
¿Cuál es el papel de la mujer en la industria vitivinícola actual?
Las mujeres ocupan hoy todos los niveles de la industria: enológas jefa, directoras de bodega, propietarias, sumilleres y viticultoras. El cambio más rápido ocurrió en mercados vitivinícolas más nuevos como Argentina, Nueva Zelanda y Australia. En el enoturismo, la participación femenina —tanto en la oferta como en la demanda— creció de manera sostenida en las últimas dos décadas.
Conclusión
La historia del vino tiene deuda con las mujeres que aparecen en este artículo —y probablemente con muchas más que los registros históricos no llegaron a nombrar. Lo que cambió en las últimas décadas no es solo la presencia femenina en la industria, sino la posibilidad de rastrearla con precisión: hay nombres, fechas y logros verificables donde antes había generalizaciones o, en el caso del artículo original de este blog, citas inventadas atribuidas a personas inexistentes.
El aporte concreto de figuras como Clicquot, Pommery, Bize-Leroy o Robinson no fue solo «estar ahí»: fue definir estilos, inventar técnicas y construir los estándares que la industria todavía usa. En Argentina, el camino es más reciente pero igualmente verificable. La vitivinicultura argentina sigue creciendo, y las mujeres están en el centro de ese crecimiento. Seguir sus trayectorias —con nombres reales, datos reales— es la única forma de hacer justicia al tema.




