Actualizado el 02/08/2026: Reescritura completa del artículo original con datos actualizados sobre las bodegas activas en Entre Ríos, la producción actual de BordeRío, y el estado real del enoturismo entrerriano tras 33 años de la ley que levantó la prohibición.
Entre Ríos y el vino: lo que hay que saber en 30 segundos
Los viñedos de Entre Ríos son una historia de prohibición y resurrección. En 1928, la provincia tenía 2.500 hectáreas de vid y 115 bodegas. La ley 12.137 de 1935 mató la industria casi de un día para el otro. Recién en 1993 la ley 24.037 volvió a habilitar la plantación. Hoy hay más de 40 viñedos registrados en la provincia y al menos tres bodegas con producción industrial: BordeRío en Victoria, Vulliez Sermet en Colón y Los Aromitos en Crespo. Las cepas que mejor funcionan en el clima mesopotámico son Tannat, Merlot, Marselan, Chardonnay y Malbec.
¿Por qué Entre Ríos no aparece en el mapa del vino argentino?
La respuesta corta: porque estaba prohibido durante 58 años. No por falta de historia, ni de terroir, ni de productores con ganas. La provincia fue empujada afuera del mercado vitivinícola por una decisión política de 1935 que favoreció a Cuyo y dejó a Entre Ríos sin industria. Ese vacío de casi seis décadas no se recupera de un año para el otro.
Lo curioso es que la región tenía todo para ser referente. Según datos citados por La Nación, en 1928 Entre Ríos era la cuarta provincia productora de vino del país, con 2.500 hectáreas de vid y 115 bodegas activas. Los epicentros eran Concordia, Federación y Colonia San José. También había emprendimientos en Paraná y Concepción del Uruguay.
La tradición llegó con los inmigrantes europeos. Desde fines de 1850, colonos suizos del Valais, franceses de la Alta Saboya e italianos del Piamonte se instalaron en la provincia y trajeron sus saberes de viñatero. «Fueron suizos del Valais, franceses de la Alta Saboya e italianos del Piamonte quienes vinieron a poblar la provincia», recordó Juliana Vulliez Sermet, productora de la bodega homónima en Colón. El propio Justo José de Urquiza experimentaba con alrededor de 20 cepajes en el Palacio San José y cedía sarmientos a los primeros migrantes, entre ellos la cepa Filadelfia, una variedad francesa adaptada en Estados Unidos que se daba bien en estas latitudes.
La prohibición de 1935: cómo se frenó una industria en crecimiento
A mediados de los años treinta, el consumo de vino en Argentina cayó en picada mientras la producción en Cuyo seguía alta. Las provincias cordilleranas —que tenían economía de monocultivo vitícola— presionaron al gobierno nacional para que restringiera la producción en el resto del país. En 1935, la ley 12.137 creó la Junta Reguladora del Vino con un objetivo explícito: reducir drásticamente la producción. Al año siguiente, en 1936, la elaboración cayó 600 millones de litros en todo el país.
Para Entre Ríos fue un golpe de knock out. «Fue muy drástico, una bofetada para los productores, muy triste», describió la historiadora Celia Vernaz, citada por La Nación. Los empleados municipales llegaban a romper alambiques y tonelería para impedir que se siguiera produciendo. Las grandes bodegas cerraron. La actividad quedó reducida a la elaboración casera para consumo familiar.
La restricción se sostuvo durante 58 años. Recién en 1993, impulsada por el senador Augusto Alasino, la ley 24.037 levantó la prohibición y habilitó la plantación de viñedos y la comercialización de vino en todo el territorio nacional. Ahí empezó la reconstrucción.
Los viñedos de Entre Ríos hoy: qué hay y dónde
Treinta y tres años después de la ley 24.037, el panorama es modesto pero real. Hay más de 40 viñedos registrados en Entre Ríos y se estima un total cercano a los 100 en toda la provincia, según La Nación. La mayoría son pequeños emprendimientos, muchos orientados al consumo propio. Solo una fracción alcanzó escala industrial. Los polos de mayor actividad son Victoria, Colón, Gualeguaychú y, en menor medida, Urdinarrain.
Las tres bodegas con producción y comercialización activa a escala industrial son:
- BordeRío (Victoria). Fundada por Verónica Irazoqui y Guillermo Tornatore. Produce 50.000 botellas por año, con capacidad instalada para 100.000. Sus etiquetas principales son Injusto (vino) y BordeRío (espumante). Combina viñedos con olivares.
- Vulliez Sermet (Colón). Fundada en 2002, con 6 hectáreas de viñedos. Elabora vinos y espumantes con Chardonnay, Merlot, Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah y Tannat.
- Los Aromitos (Crespo). Opera desde 2011, con producción industrial desde alrededor de 2016. Sus viñedos están en Colonia Ensayo, a 50 km de la bodega. Vende bajo la etiqueta Ára, con Tannat, Syrah, Merlot y Malbec.
Es un mercado chico, todavía emergente. Habría que ver cuántos de los 100 viñedos estimados llegaron a escala comercial real en los últimos años, porque la información disponible es fragmentaria.
¿Qué cepas se adaptan al clima mesopotámico de Entre Ríos?
El clima de Entre Ríos es húmedo, cálido y con lluvias distribuidas a lo largo del año. Es lo opuesto del clima árido y continental de Mendoza o Salta. Eso limita algunas variedades y favorece otras. Las que mejor funcionan según la producción actual de la provincia son Tannat, Merlot, Marselan, Malbec y Chardonnay, de acuerdo con los datos del sitio oficial de Turismo Argentina.
El Tannat tiene una lógica histórica acá: llegó con los primeros colonos europeos y lleva más de un siglo adaptándose al terroir mesopotámico. Es una cepa de origen vasco-francés que soporta bien la humedad y produce vinos de buena estructura tánica. El Marselan —un cruce de Cabernet Sauvignon y Garnacha— también rinde bien en condiciones cálidas y húmedas.
Lo que cambia respecto a Mendoza es el perfil del vino resultante. Menor concentración, más frescura, aromas más florales en los blancos y menos potencia tánica en los tintos. No es mejor ni peor: es un estilo diferente, más parecido en algunos aspectos a los vinos del sur de Brasil o Uruguay que a los Malbec mendocinos de alta altitud.
BordeRío: 33 años desde el renacimiento de los viñedos entrerrianos
BordeRío fue una de las primeras bodegas en retomar la producción comercial en Entre Ríos después de la ley de 1993. Está ubicada en Victoria, en un predio de 365 hectáreas donde conviven los viñedos con un extenso olivar. La bodega produce actualmente 50.000 botellas al año —con capacidad para llegar a 100.000— y comercializa dos etiquetas principales: Injusto, sus vinos varietales, y BordeRío, su línea de espumantes.
El proyecto fue fundado por Verónica Irazoqui, junto a Guillermo Tornatore. La apuesta no era obvia: retomar la vitivinicultura en una provincia donde la actividad había sido prohibida durante casi seis décadas implicaba reconstruir desde cero el know-how, los mercados y el reconocimiento. Eso sí, los datos puntuales de infraestructura —superficies exactas de viñedos, cantidad de olivos, metros cuadrados de bodega— corresponden a la información disponible al momento de esta publicación; una bodega activa puede modificar sus superficies y equipamiento con el tiempo.
Enoturismo en Entre Ríos: qué podés hacer y a dónde ir
El enoturismo entrerriano está creciendo, aunque todavía es una propuesta más íntima y menos estructurada que la de Mendoza o San Juan. Según el Ministerio de Turismo de la Nación, los polos principales son Colón, Victoria y Gualeguaychú, con Urdinarrain como alternativa más tranquila y fuera del circuito masivo.
Las actividades típicas incluyen:
- Recorridos por los viñedos con enólogos. La escala pequeña de las bodegas permite visitas más personalizadas que en las grandes bodegas cuyanas.
- Degustaciones con productos regionales. Quesos artesanales, chacinados y conservas de la región son los acompañantes habituales en las catas.
- Visita a instalaciones de producción. En bodegas como BordeRío o Vulliez Sermet podés ver el proceso de elaboración de cerca, algo que en Mendoza se hace en circuitos más automatizados.
El contexto natural suma. Entre Ríos ofrece ríos, islas, termas y una geografía que contrasta con el paisaje desértico-andino de las regiones vitivinícolas tradicionales. Para alguien que ya recorrió Luján de Cuyo o Valle de Uco, Entre Ríos es una experiencia completamente distinta.
Preguntas frecuentes sobre los viñedos de Entre Ríos
¿Por qué Entre Ríos no es conocida como región vitivinícola si tiene historia con el vino?
Porque la actividad estuvo prohibida durante 58 años, entre 1935 y 1993. La ley 12.137 eliminó prácticamente toda la industria en la provincia para beneficiar a las zonas productoras de Cuyo. Las grandes bodegas cerraron, se destruyó infraestructura y se perdió una generación entera de productores. Ese borrón de casi seis décadas explica por qué el imaginario colectivo del vino argentino no incluye a Entre Ríos.
¿Qué vinos se producen en Entre Ríos hoy y dónde se consiguen?
Las bodegas activas en escala industrial producen Tannat, Merlot, Malbec, Chardonnay, Marselan, Syrah y Cabernet Sauvignon, además de espumantes. BordeRío (Victoria), Vulliez Sermet (Colón) y Los Aromitos (Crespo) son las tres referencias principales. Sus vinos se pueden conseguir directamente en las bodegas, en vinotecas de la provincia y, en algunos casos, con envío a otras provincias. No es producción de escala nacional, así que en Buenos Aires o Mendoza no los vas a encontrar fácilmente.
¿Por qué se prohibió hacer vino en Entre Ríos y cuándo se levantó la restricción?
La prohibición fue consecuencia de la sobreproducción a nivel nacional en los años treinta, combinada con la presión de las provincias cuyana que tenían economía de monocultivo vitícola. La ley 12.137 de 1935 creó la Junta Reguladora del Vino con el objetivo de reducir la producción, y Entre Ríos quedó fuera del mapa. La restricción duró hasta 1993, cuando la ley 24.037, impulsada por el senador Augusto Alasino, volvió a habilitar la plantación y comercialización de vino en todo el territorio nacional.
¿En qué se diferencia el vino de Entre Ríos del de Mendoza o San Juan?
El clima húmedo y cálido de la Mesopotamia produce vinos con menos concentración y más frescura que los de las regiones andinas. Los tintos son menos potentes en taninos y los blancos tienen aromas más florales. No es un déficit: es un estilo propio, más cercano a los vinos del sur de Brasil o Uruguay que a los Malbec de alta altitud de Mendoza. Las cepas que mejor se adaptan son las que toleran la humedad: Tannat, Merlot y Marselan lideran la producción.
Conclusión
Los viñedos de Entre Ríos no son un mito ni una rareza folclórica. Son una industria que existió, fue destruida por decreto y lleva 33 años reconstruyéndose. El punto de partida fue la ley 24.037 de 1993; el estado actual es un mercado pequeño con más de 40 viñedos registrados, tres bodegas con producción industrial y un enoturismo incipiente en Colón, Victoria y Gualeguaychú.
Lo que queda pendiente es la consolidación. Todavía no hay una Indicación Geográfica ni una Denominación de Origen reconocida para la provincia, y la producción total es marginal comparada con Mendoza o San Juan. Eso sí, para alguien que quiere salir del circuito vitivinícola clásico y descubrir algo diferente, Entre Ríos tiene argumentos reales: historia, terroir propio, cepas adaptadas y bodegas que reciben visitantes en un entorno que no se parece en nada al desierto andino.
Vale la pena seguir de cerca la evolución del sector. A 33 años del renacimiento, el ritmo de crecimiento dirá si Entre Ríos consolida su lugar en el mapa vitivinícola argentino o sigue siendo una promesa postergada.




