¿Cuáles son los vinos primaverales y qué los caracteriza?

“¡Bienvenido, bienvenido, amor!” Llegó la primavera y, con ella, se hacen presente las temperaturas más cálidas. Empieza el tiempo de los atardeceres al aire libre y las clásicas reuniones en jardines, patios de casas amigas. Y, por supuesto, los días de campo en algún lugar alejado del ruido de la urbe. Todas son la oportunidad perfecta para disfrutar de los vinos primaverales

Pero ¿a qué llamamos vinos primaverales y qué los caracteriza? Te lo contamos a continuación. 

¿Cuáles son los vinos primaverales?

En materia de vinos, la primavera simboliza el puntapié inicial de la temporada de vinos blancos y vinos rosados, súper frescos, frutados, jóvenes, sin crianza en barricas. A tono con el clima más benévolo, pican en punta este estilo de etiquetas, que son “peligrosamente” fáciles de beber (desde BordeRío siempre promovemos el consumo moderado y responsable).

En otoño/invierno, los vinos más bebidos son los tintos con cuerpo, buena estructura y complejidad. Ahora, en cambio, los vinos primaverales nos invitan a beber una copa en donde prima el frescor del líquido, la envolvente acidez y la agilidad en el medio de boca. 

Además de los blancos y rosés, que, por cierto, encontrarán en góndola con tapa a rosca (nos da sensación plena de primavera y frutosidad), es tiempo de espumosos. Las burbujas, elegantes y refinadas, nos abren el apetito y son un must en esta época en la que el calor asoma con entusiasmo.

¿Y los tintos? ¿No hay ligeros? Sí, por supuesto. Bajo alcohol, potencia aromática, poco cuerpo y ligereza en boca, es la nueva tendencia de los “tintos primaverales”. Versátiles, contentan a los paladares tinteros, sin demasiado peso ni corpulencia.

En definitiva, los vinos primaverales no son otra cosa que vinos jóvenes. Es decir, aquellos productos que, una vez concluida la elaboración, salen inmediatamente al mercado, sin descanso en madera ni ulterior estiba en botella. 

Así, su pronta presencia en vinotecas nos da a entender que estamos frente a un vino sin complejidades y de fácil decodificación.

Características de los vinos primaverales 

Estos vinos son “pura fruta”, como se dice en la jerga. Vívidos, dinámicos y de corto potencial de guarda, se caracterizan por su gran expresividad varietal. La fruta y la tomabilidad son dos pilares de este tipo de etiquetas. 

Están muy de moda los vinos naturales (sin sulfito agregado), naranjos, pet nat y orgánicos de rápido consumo. Es una nueva tendencia, que busca, justamente, captar paladares jóvenes, curiosos, que quieran incursionar en el mundo vinófilo a través de etiquetas de fácil interpretación palatina. 

Por otro lado, a la hora de los maridajes, son muy versátiles. Además de ir muy bien solos o como aperitivo, son auténticos comodines. Armonizan con picadas, quesos variopintos, carnes rojas magras, carnes blancas, pescados de todo tipo y color, pizzas, empanadas, platos picantes y hasta ensaladas con un sinfín de ingredientes.

Asimismo, son súper camaleónicos en relación al contexto y el momento del día en que podemos disfrutarlos. Desde un mediodía con temperaturas agradables, al aire libre, en un jardín, un patio o la inmensidad de un campo, a un atardecer maravilloso, cuando cae el sol y la brisa nos invita ponernos un leve abrigo y el fin de la jornada pide un vino ligero para acompañar el compás de un momento inolvidable en pareja, en familia o entre amigos entrañables. 


La propuesta está hecha. Vinos primaverales, jóvenes, en sintonía con el bellísimo aroma de las flores de los jardines y el verde que nos propone desde fines de septiembre la estación más romántica de todas. ¡Feliz primavera! ¡Salud!

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