Maridajes Patrios: opciones para armar una gran mesa este 25 de Mayo

Recomendamos los mejores acuerdos enogastronómicos para celebrar la Revolución de Mayo, desde la entrada hasta los postres.

Mayo. Mes patrio. En todo nuestro territorio, de norte a sur y de este a oeste, flamean banderas y escarapelas blanquicelestes. Nos emocionamos. Nos unimos. Nos conmovemos. A cada instante, nos vienen a la mente los recuerdos de aquel famoso 25 de mayo de 1810, en el que la revolución se adueñó del Cabildo porteño para dar como resultado nuestro Primer Gobierno. Allí empezó a gestarse la independencia, que llegaría seis años más tarde.

Cerramos los ojos, nos trasladamos imaginariamente a los albores del siglo XIX y pensamos en las arraigadas costumbres de aquella época. Entre las principales, rescatamos las comidas coloridas y sabrosas, en perfecta sintonía con los intensos postres que disfrutaban los próceres que forjaron nuestra nación.

Guisos, locros, carnes a la parrilla, picadas criollas (chorizos, quesos de campo, aceitunas y pan casero) y pastelitos, son solo algunas de las preparaciones patrias que hoy recreamos en compañía de diferentes vinos. A continuación, proponemos maridajes infalibles para levantar bien alto las copas y brindar por el porvenir de nuestra siempre querida Argentina.

Entradas

Para dar comienzo a nuestro banquete patriótico de mayo, aconsejamos tomar una buena copa de Torrontés, nuestro cepaje autóctono, fragante, aromático, intenso y especiado. Cruza genética de Moscatel y Criolla Chica, sus delicadas notas florales, literalmente a uva de mesa y frutos tropicales, nos hacen pensar en una armonización gastronómica por contraste u oposición. Así, acompañaremos este refrescante varietal con las clásicas empanaditas regionales picantes, humita al plato, humita en chala o tamales norteños.

Otra variedad que va muy bien con estos tentempiés es el envolvente Semillón. Si bien no es una uva celeste y blanca, ha sido la base de inolvidables antiguos vinos nacionales. Hoy, la hemos reivindicado con justa razón, de la mano de destacados enólogos.

Si nos inclinamos por la clásica tabla de quesitos, embutidos y panes variopintos, podemos seleccionar un refrescante rosado, liviano, ligerito y con baja graduación alcohólica.

Asimismo, el comienzo del menú patrio suele tener como protagonistas el infaltable mix de achuras (mollejas, riñoncitos y chinchulines), vegetales grillados de estación, quesos de cabra y salsas caseras especiadas. Aquí, necesitamos imperiosamente un enjundioso blend de uvas blancas con aromas equilibrados y expresidos, con marcadas notas de frutas blancas y cítricas.

Primeros Platos

A la hora de los principales, es inevitable elegir locro, guiso de lentejas o carbonada. Para acompañar estas tradiciones contundentes, necesitaremos descorchar un vino tinto con buen cuerpo, carácter y estructura.

Locro. Si bien es cierto que sus ingredientes varían, en general, sobresalen maíz, porotos, garbanzos, patitas de chancho y cuero, pechito de cerdo, falda, mondongo, chorizo colorado y salsita picante. Brinda diversas texturas y sabores, que se lucirán en compañía de un tinto con buena presencia. Pensemos en Malbec, Bonarda (otra uva con tintes nacionales) y Cabernet Sauvignon de cuerpo medio, estructurados, con buen paso por barricas, como interesantes opciones.

Guiso de lentejas. Intensidad pura. Lleva panceta, chorizo colorado, papas, morrones, ajo y pimienta. ¡Potente elixir! Abramos, en esta oportunidad, un tinto con pronunciado paso por roble, suculento, carnoso. Sugerencias perfectas para lograr el tándem ideal: Cabernet Franc, Syrah, Cabernet Sauvignon o blends clásicos de Malbec con Cabernet

Carnes a las brasas. Encendemos lentamente el fueguito y ponemos en la parrilla una tirita de asado, bife de chorizo u ojo de bife. Preferentemente, descorcharemos otra etiqueta tinta con crianza prolongada en madera. Es interesante, en tiempos de diversidad vínica, indagar en los robustos Petit Verdot, Tannat y blends complejos con crianza. Los cepajes no tradicionales vienen ganando terreno y se suman con fuerza en las góndolas.

Plan B. Una alternativa súper interesante (no convencional) e, igualmente anhelada por los paladares sibaritas, la conforman la dupla entraña/lomo. En este caso, estas carnes más magras, de moda en nuestras comidas, pueden entenderse de memoria con uvas menos intensas como la Criolla, que hoy pica en punta y es revaolirizadas por los avispados consumidores vinófilos.

Autóctona, esta variedad da vinos bien ligeros (en la jerga la llaman “Falsa Pinot Noir”), con texturas muy delicadas. La Criolla llegó a nuestro país a través de los primeros colonizadores y siempre ha sido vinculada con exponentes vibrantes, fáciles de beber y algo rústicos, aunque refrescantes.

Postres

En el epílogo, nos podemos deleitamos con los riquísimos pastelitos de dulce de leche, batata o membrillo. Es momento de tomar una copa de vino dulce natural, cosecha tardía o fortificado para que nuestro fin de fiesta sea goloso.

Estos vinos con mayor dulzor y menos graduación alcohólica, también van de la mano con nuestros suculentos flanes con crema, panqueques y tortas tibias de manzana.

La mesa está servida. Solo falta elegir el lugar y la mejor compañía familiar para degustar las exquisiteces patrias, que nos acompañan desde aquel histórico 25 de mayo de 1810. ¡Salud!

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