Tips para servir vino como un experto

Si la comida es en casa y vos sos el anfitrión, seguramente dedicarás tiempo y esfuerzo para que todo salga a la perfección: el menú, la vajilla, la mantelería, la música, la iluminación… Son muchos los detalles a tener en cuenta, pero, ¿qué recaudo tomarás en relación al vino?

Para sorprender a tus comensales y servir vino como un profesional, aquí te compartimos algunos consejos útiles e imprescindibles:

Presentación del vino

Los vinos siempre se deben presentar con la botella en forma vertical, pero levemente inclinada, con la etiqueta mirando hacia el comensal. Le comentaremos en voz clara los datos de la etiqueta, como puede ser su marca, cepa y cosecha. Una vez que la persona da su conformidad, se procederá a la apertura de la botella.

Cómo sacar un corcho sin temores ni fallas técnicas

A la hora de descorchar un vino, nunca debe girarse la botella. Además de ser protocolarmente incorrecto, no es prolijo a la vista de los comensales. Lo correcto es girar suavemente el sacacorchos profesional (denominado “de dos tiempos”) y, así, lograr un corte perfecto de la cápsula.

Además, es fundamental abrir con cuidado y dedicación una botella de vino cerrada con corcho para evitar que este se rompa en mil pedazos y caigan restos en el líquido. Nuestra recomendación es encastrar lo más centradamente posible el resorte del sacacorchos en el corcho, afín de realizar una apertura de botella amena y sin inconvenientes.

Botella limpia y sin impurezas

Una vez abierto el vino, pueden quedar pequeñas partículas de corcho en la boca de la botella, que es preciso eliminar. Para ello, es clave tener a mano el famoso “cristal”, servilleta o paño de tela que eliminará cualquier tipo de objeto extraño, que perjudique la calidad del líquido.

Clásica recomendación de servicio

Una vez abierta la botella, se le presenta el corcho a quien dirija la mesa. Luego, se procede a servir muy poco vino en una copa y se le da a degustar a la misma persona. Por último, se sirve a los demás comensales y a quien degustó. Las copas se deben llenar hasta el ecuador. Una botella de vino debe alcanzar para 12 comensales. Es preferible servir varias veces y no que se desperdicie el vino.

¡Cuidado con el servicio del espumoso!

Es importante que, mientras se esté quitando el bozal, con una de las manos se empuñe el cuello de la botella del espumante y con el pulgar se fije el corcho para que no se salte. Con ese pulgar de la mano derecha presionando el corcho, entonces, se toma la botella por su base con la mano izquierda y se la rotar.

Nunca se debe hacer saltar el corcho. El cuidado en la extracción es vital, no solo por una cuestión protocolar, sino también para que el espumoso no pierda burbujas innecesariamente.

La importancia de la copa auxiliar

Una vez abierta la botella, el sommelier o responsable del servicio debe tener una copa de degustación exclusiva para servir un poco del vino que tomará el comensal. De esta manera, sacará con precisión los pequeños restos e impurezas que pudieran quedar entre la boca y el cuello de la botella. Este proceso es recomendable especialmente para los grandes vinos de guarda, que presentan sedimentos como consecuencia del paso del tiempo.

El vino debe “respirar”

Una vez abierta la botella, es esencial que el vino se airee para dar lo mejor de sí y para que exprese todas sus características organolépticas. Si se descorchó una etiqueta evolucionada, con unos cuántos años encima, lo ideal es dejarla respirar una hora antes o decantarlo. Si, en cambio, se abrió un producto joven, frutado y sin crianza en madera, con media hora de reposo previo alcanza (muchas veces, a estos vinos joviales no hace falta esperarlos para disfrutarlos).

Temperatura del vino

  • Vinos blancos y espumosos: Frescos. Bien frescos. Entre 8 y 10 grados. Así, a temperaturas bajas, deben servirse los vinos blancos jóvenes, sin madera, y espumantes para beberlos como corresponde. Los blancos con cuerpo, apenitas uno o dos grados más arriba.
  • Vinos rosados: Versátiles, frescos, vívidos y muy frutados, los vinos rosados se adaptan a cualquier circunstancia. De un aperitivo, a picadas, carnes blancas, carnes rojas magras y hasta pescados. Son un auténtico comodín. Por eso, su consumo a nivel mundial aumenta día a día. Para apreciarlos de la mejor manera posible, se deben servir entre 8 y 10 grados. Así que, ¡a tomarlos sin prejuicios!
  • Vinos tintos: Beber un tinto fuera de temperatura suele ser una de las experiencias sensoriales más desagradables para el paladar. Por ello, es determinante tomarlos en su rango indicado. Los más jóvenes, sin crianza en barricas roble, oscilarán entre los 14 y 16 grados. En cambio, los de guarda, más complejos y estructurados, se degustarán entre 16 y 18 grados.

Si servimos una botella que no está en su temperatura indicada, lo arruinaremos. Enfriarla bruscamente sería un error garrafal, pues perdería sus características esenciales. Nunca, pero nunca, lo metan en el congelador ni lo enfríen con cubitos de hielo.

Cambio de vino, cambio de copa

El dicho dice “Nadie se baña dos veces sobre el mismo río”, a lo que sumamos: nadie toma dos vinos en una misma copa. Si se cambia la etiqueta, se cambiará indefectiblemente la copa. Mezclar sabores perjudicaría notablemente nuestra correcta percepción sensorial. Esto es un ABC de servicio imprescindible para todos los paladares vinófilos.

De menor a mayor

En una comida de pasos, maridada con diversos vinos de estilos variopintos, el recorrido debe ser sutil, pausado y coherente. Primero, se servirán los exponentes más delicados, de menor intensidad y estructura. Luego, se servirán los de cuerpo medio y, por último, los de mayor complejidad, robustos y con más graduación alcohólica.

De seco a dulce

Lo dulce empalaga rápidamente y sacia muy pronto nuestro apetito. Por ello, una enjundiosa torta de dulce de leche o un postre de chocolate, se sirven en el epílogo de la comida. Con los vinos, sucede lo mismo: si se bebiesen como aperitivo o en la entrada, no tendríamos más ganas de tomar. En conclusión, primero, siempre, serviremos los secos y, luego, los dulces.

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