la historia del brindis

La Historia del brindis: Entre venenos y leyendas urbanas

Pocos gestos hablan por sí mismos como el entrechocar las copas. Te contamos hoy la historia del brindis y sus múltiples leyendas de origen.

Al grito de ¡salud! El tintineo de varias copas al chocarse dibuja una sonrisa en cada uno de los comensales. Es que este tradicional rito está destinado a desearle buenos augurios a los otros, felicidad y sobre todo que tengan una salud de hierro.

¿De dónde nace este ritual que se perpetúa hasta nuestros tiempos? La principal historia que se cuenta de su origen lo vincula a una bebida, aunque no se trata de una de las buenas. En tiempos antiguos las conquistas, reinos y acuerdos hacían que mucha gente poderosa se ganara unos cuantos enemigos, y así iban por la vida sospechando de todos, alertándose ante cualquier persona que se les acerque. La muerte podría encontrarlos en algún lado.

Una de las maneras más comunes y eficaces para asesinar a una persona en esos tiempos era envenenándola. No solo por el acceso fácil e irrestricto a los venenos, sino también porque era un asesinato que no dejaba huellas, y podía ser visto como una muerte súbita. Es así que el colocar unas gotas de un veneno potente en la comida de una persona (cual madrastra de Blancanieves) aseguraba el éxito en los propósitos más viles.

El vino en aquéllas épocas distaba mucho del que conocemos hoy en día. Aromas a frutas y hierbas eran casi inexistentes debido a que los métodos de elaboración y, fundamentalmente, los de almacenamiento no eran los mismos. Muy probablemente el vino se elaboraba con los racimos enteros, incluyendo escobajos e insectos varios, lo que los hacía tener un notable amargor al paladar.

En la estiba los vinos se colocaban en ánforas de arcilla, y si acaso se los lograba tapar para evitar un poco la oxidación lo hacían con una capa de aceite al final. Imagínense que ese aceite transfería al vino aromas y sabores. Ni hablar cuando el aceite usado también distaba mucho de los que conocemos hoy. Aromas rancios, oleosos y a piedra era común en los vinos de antaño, por eso se los bebía rebajados con agua.

Y todas estas cuestiones ¿qué tienen que ver con el brindis? La suma de estas partes dieron origen al todo: el brindis. Cuentan las leyendas urbanas que en la antigua Grecia en los banquetes el anfitrión debía demostrar que el vino no estaba envenenado, y que era apto para el consumo. Es así que ante sus invitados levantaba la copa y mostraba que bebía de ella. El gesto de alzar la copa llega hasta nuestros días como una de las formas del brindis.

La segunda leyenda popular cuenta que en la Edad Media esa mala costumbre de envenenar a los enemigos aún estaba vigente. Y aún más, también amigos o conocidos hacían uso del veneno para matar a alguien y quedarse con sus tierras, fortunas o poder. Aquí el tema se complicaba, nadie sabía de dónde podía venir la traición, y la desconfianza llegó a niveles de que padres, hijos, hermanos y amigos de toda la vida desconfiaran entre ellos cuando se les ofrecía una copa de vino.

Dicen que así nació la manera más popular de brindar: chocar las copas entre sí. Ese sencillo y contundente gesto, que en apariencia no tenía ningún sentido lógico, se realizaba con mucho vigor, para que al chocarse las copas el líquido de una se derramara en la otra. De esta manera se aseguraban de que si una de las copas estaba envenenada la otra recibiría también parte de ese veneno. Algo así como: me iré a la tumba, ¡pero tú vendrás conmigo!

Poniendo un manto de piedad ante tanto veneno, otra de las historias urbanas nace en los grandes banquetes romanos, en donde había muchas personas disfrutando de una gran comida, y la única manera que encontraban los comensales de avisarle a un sirviente que su copa estaba vacía y que querían que se les sirviera más vino era chocando esas copas entre sí. Algo similar se sigue realizando en nuestros días, golpeando las copas para llamar la atención en un lugar muy ruidoso.

Otra leyenda popular vincula al brindis con un tema mucho más inocente. Ya descartado el veneno como forma eficaz de deshacerse de un enemigo, en el siglo XVIII, en el reinado de Carlos V se celebraban las victorias de su ejército alzando las copas y gritando bring dir’s, frase alemana que significa “te lo ofrezco”, cuando los soldados le otorgaban la victoria al monarca.

Es desde esos tiempos que el brindis se le encarga a una persona importante de la mesa: la cabeza de familia o el invitado, que pronuncia unas palabras de afectuosos deseos y augurios para los presentes o para quienes estén siendo homenajeados. Y por supuesto incluye la palabra ¡“salud”! en este discurso.

Por último, la más moderna versión del brindis afirma que el vino o el espumante se disfruta con todos los sentidos. Apreciamos su color en la copa con la vista, descubrimos los aromas que esconden con el olfato, sentimos la textura y temperatura en cada sorbo con nuestro tacto y degustamos y apreciamos sabores con nuestro gusto. Solo faltaba incluir el oído. Aunque los espumantes pueden ofrecer una buena melodía con sus burbujas, los vinos tranquilos no brindaban nada interesante para ser escuchado.

Para ello se realiza el entrechocar de copas, que cuando están hechas con cristal suenan a campanas de ángeles, que marcan el preludio al disfrute de un buen vino.

Claudia Caprile

Claudia Caprile

Claudia es una comunicadora especializada en vinos y gastronomía. Desde hace 10 años dirige el portal Vía Gourmet, del Grupo Clarín, y es además Gestora de Redes Sociales de eventos del vino (como Alta Gama Rosario, Litoral y Buenos Aires)

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