¿Por qué se almacena el vino en barricas?

Las barricas de roble se utilizan, desde hace años, para almacenar el vino por sus múltiples beneficios. Pero. ¿te has preguntado cómo surgió esta tradición? ¿Quiénes la idearon? Aquí nos retrotraemos en el tiempo y te contamos todo sobre esta costumbre milenaria.

Hace más de 2.000 años, en el apogeo de las civilizaciones griega y romana, el vino se almacenaba y transportaba en ánforas de arcilla. Este recipiente fue el más utilizado durante siglos, sin embargo, tenía un gran inconveniente: era muy delicado y tendía a romperse con frecuencia.

Cuando el Imperio Romano conquistó Galia, los romanos descubrieron que los galos utilizaban barricas de madera de roble para almacenar cerveza. Al comprobar la resistencia de estos contenedores, comenzaron a elaborar sus propias barricas, dándole una forma cilíndrica para facilitar su traslado en los barcos.

De esta manera, los romanos abandonaron las anáforas ya que vieron en las barricas la oportunidad de transportar su vino de forma rápida y segura. No se rompían y no era necesario cargar con ellas porque podían rodar por el suelo. Asimismo, el roble tenía otras ventajas: era sencillo de doblar, era impermeable y el vino no se filtraba. ¡El recipiente perfecto!

Con el paso del tiempo, se descubrió que las barricas de roble no solo facilitaban el traslado, sino que, además, aportaba al vino grandes beneficios.

Los motivos actuales del uso de barricas

Hoy en día sabemos que las barricas de roble le aportan cuatro virtudes básicas a los vinos:

  • brindan los aromas terciarios, aquellos que asociamos con vainilla, coco, chocolate, dulce de leche, café o notas tostadas;
  • redondean el color de los líquidos báquicos;
  • aportan taninos;
  • propician una mayor longevidad, es decir, favorecen que la curva de vida de un vio sea más extensa en el tiempo.

Una de las grandes preguntas que surge es porqué el vino reposa en roble y no en otra madera. La respuesta es que el roble demostró holgadamente ser la más apta para contener y añejar el líquido. Se han realizado, incluso en la Argentina, pruebas con sauce, acacia y castaño. Sin embargo, los resultados obtenidos fueron inferiores a la crianza en roble.

Dentro de esta noble madera, encontramos dos grandes subespecies: roble francés y americano. El roble francés es más neutro, sutil, elegante y costoso que el americano. Los dos, de todos modos, son ideales para almacenar vinos. El primero aporta notas típicas de vainilla, mientras que el segundo sobresale por sus aromas a coco.

En definitiva, el vino debe ser una amalgama equilibrada entre sus propias características con el aporte positivo de la madera. Algo importante a destacar es que no todas las cepas son aptas para un paso por barricas. Si la madera tapa las características organolépticas propias de la uva, no será óptimo el aporte de la barrica.

Tintas como Malbec, Syrah, Merlot, Cabernet Sauvignon o Cabernet Franc, entre otras, se llevan muy bien con el roble.

Toneles, una tradición intacta

Más allá del reposo en barricas (de 225 litros como tamaño estándar), el vino históricamente descansa en toneles. Son recipientes de mayor tamaño, con una capacidad que va de los 2000 a 30000 litros. En este caso, la interacción entre la madera y el vino demanda más tiempo ya que la relación entre superficie y volumen es menor. En términos generales, los toneles dan vinos con colores más tenues y notas más añejadas.

Por si fuera poco, hay alternativas a las barricas y los toneles. Algunos bodegueros recurren a astillas, chips, cubos o segmentos que agregan directamente en los tanques de acero inoxidable que, luego, son eliminados a través de la filtración. El objetivo es transferir al vino los compuestos de la madera, sin tener que utilizar barricas o toneles. ¿Es lo mismo? No, no lo es, pero es una opción.

A modo de bonus track, podemos mencionar los listones y los denominados “inserts”. En el primer caso, nos referimos a grandes tiras de madera que se colocan forrando las paredes internas de los tanques de acero inoxidable, en sentido vertical. De este modo, aumenta la superficie de contacto con el vino en relación a la propuesta anterior.

Lo cierto es que el mundo del vino sigue evolucionando y la utilización de la madera, también. ¡Hasta la próxima nota!

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