Actualizado el 29/07/2026: Reescritura completa del artículo: se corrigió el calendario de vendimia para Argentina (febrero-abril, no agosto-septiembre), se incorporó el Torrontés salteño como variedad blanca insignia del país, se actualizó la evidencia histórica del origen del vino a 8.000+ años y se revisaron afirmaciones de salud desactualizadas respecto a los consensos científicos actuales.
En 30 segundos: lo esencial sobre el vino blanco
- Qué es: bebida fermentada de uvas blancas (o tintas sin contacto con hollejos), con colores del amarillo pajizo al dorado.
- Variedades clave: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Riesling, Albariño y —en Argentina— Torrontés, la cepa blanca insignia nacional.
- Cosecha en Argentina: febrero a abril, según altitud y variedad.
- Temperatura de servicio: 7-9°C para blancos ligeros; 9-11°C para los de crianza en barrica.
- Cuánto dura abierto: 3 a 5 días en heladera bien tapado.
- Maridaje natural: pescados, mariscos, pastas con crema, carnes de ave, platos vegetarianos.
El vino blanco es una bebida alcohólica producida por la fermentación de uvas blancas —o en algunos casos uvas tintas sin contacto con los hollejos— de la especie Vitis vinifera. Su color varía del amarillo pálido con reflejos verdosos hasta el dorado con matices ámbar en los de crianza prolongada. Sin taninos perceptibles y con acidez fresca, sus aromas dominantes son cítricos, florales y frutales. Es uno de los vinos más versátiles para acompañar comidas.
En Argentina el capítulo de los blancos tiene peso propio. El Torrontés salteño —aromático, seco, con perfume floral explosivo— es la variedad blanca más única del país. El Chardonnay del Valle de Uco y el Viognier patagónico completan un mapa que cada vez llama más la atención afuera.
¿Cómo se elabora el vino blanco paso a paso?
La elaboración del vino blanco comparte etapas con el tinto, pero el cuidado con la temperatura y el oxígeno es mucho más crítico. Un grado de más en la fermentación o demasiado tiempo en contacto con el aire pueden arruinar los aromas finos que definen a los mejores blancos.
- Vendimia (en Argentina: febrero-abril): se cosechan las uvas cuando alcanzan el punto de madurez ideal en azúcares y acidez. En zonas de altura como Cafayate (Salta) o el Valle de Uco (Mendoza), la cosecha puede extenderse hasta abril. Muchos productores cosechan de noche o al amanecer para preservar la acidez natural.
- Despalillado y estrujado: se separan los granos del escobajo y se rompe la piel para liberar el jugo. En algunos blancos se va directo al prensado sin estrujar.
- Maceración pelicular (opcional): contacto breve entre el mosto y los hollejos —horas, no días— para extraer aromas varietales. Cuando se extiende más tiempo, da lugar a los llamados vinos naranja.
- Prensado: el jugo se separa de los sólidos. Un prensado suave preserva más aromas; uno más intenso extrae más sustancias de la piel.
- Desfangado: el mosto reposa en frío para que los sólidos sedimenten antes de fermentar. Paso más importante en blancos que en tintos.
- Fermentación alcohólica: las levaduras convierten azúcares en alcohol a temperaturas bajas, entre 14 y 17°C, para conservar los aromas volátiles. El proceso dura entre dos y cuatro semanas.
- Fermentación maloláctica (opcional): convierte el ácido málico en láctico, suaviza la acidez y aporta textura cremosa. El Chardonnay con crianza suele pasar por este proceso; los blancos aromáticos como Torrontés o Sauvignon Blanc generalmente no.
- Crianza y maduración: en acero inoxidable (preserva la frescura) o en barrica de roble (aporta vainilla, tostados, mayor cuerpo). Los blancos jóvenes reposan de tres a seis meses; algunos Chardonnay de crianza pasan más de un año en barrica.
- Clarificación, filtrado y embotellado: se eliminan las partículas en suspensión, el vino se estabiliza en frío para evitar cristales de tartrato en la botella y finalmente se embotella. Algunos blancos top siguen evolucionando varios años después.
Variedades de uva blanca: del Chardonnay al Torrontés
La variedad de uva determina en gran medida los aromas, el cuerpo y la acidez del vino. Estas son las más relevantes a nivel mundial y las que tienen presencia en Argentina:
Torrontés: la cepa blanca argentina
La variedad blanca más única de Argentina. Es autóctona —producto del cruce natural entre Moscatel de Alejandría y Criolla Chica— y alcanza su máxima expresión en los valles de altura de Salta, especialmente en Cafayate. Sus aromas son explosivos: rosas, jazmín, durazno, damasco. La trampa está en que ese perfume floral intensísimo puede confundirse con dulzura, pero el vino en boca es seco, con buena acidez y cuerpo medio. Esa tensión entre nariz floral y paladar fresco y seco es lo que lo hace reconocible a nivel internacional.
Chardonnay
La variedad blanca más plantada del mundo. Originaria de Borgoña, Francia, se adapta a climas muy distintos y produce estilos radicalmente diferentes: un Chablis es mineral y austero; un Chardonnay de Mendoza con crianza en barrica tiene más cuerpo, con notas de vainilla, manteca y frutos amarillos. En Argentina encontrás versiones frescas sin madera en la Patagonia y versiones más amplias y complejas en el Valle de Uco. Es una de las pocas variedades que mejora notablemente con años en botella.
Sauvignon Blanc
El aromático por excelencia del hemisferio sur. Originario del Loira y de Burdeos, tiene su referente actual en Marlborough, Nueva Zelanda. Sus aromas van del pomelo y limón verde hasta el pimiento y las hierbas frescas. Alta acidez, cuerpo ligero a medio, casi siempre vinificado sin barrica para preservar esa frescura. En Argentina tiene producción interesante en el Valle de Uco y en San Rafael.
Riesling
La variedad noble de Alemania, con presencia destacada en Alsacia (Francia) y Austria. Su rango es amplio: puede ser completamente seco o con azúcar residual significativa, pero siempre mantiene una acidez elevada que equilibra el dulzor. Sus aromas incluyen pomelo, manzana verde, melocotón y, en versiones maduras, una nota mineral llamada «petróleo» que los amantes del vino valoran. Envejece muy bien: un buen Riesling puede evolucionar décadas en botella.
Albariño
La estrella de Rías Baixas, Galicia (España). Aromático, con cítricos, fruta de carozo y una mineralidad salina que viene de la cercanía al mar. Buena acidez y cuerpo medio. Se consume principalmente joven, aunque versiones con guarda muestran una complejidad inesperada. En Argentina hay producciones pequeñas pero prometedoras.
Viognier
Originario del Ródano (Francia), conocido por aromas pronunciados a durazno, albaricoque y violeta. Bajo nivel de acidez pero más cuerpo que otras variedades aromáticas. En la Patagonia argentina encuentra condiciones interesantes: el clima frío aporta frescura que equilibra la riqueza aromática natural de la variedad.
¿Cuál es la diferencia entre vino blanco seco, semidulce y dulce?
La clasificación por nivel de dulzor depende de cuánto azúcar residual queda en el vino una vez terminada la fermentación. Cuando las levaduras convierten prácticamente todo el azúcar en alcohol, el resultado es un vino seco. Si se detiene la fermentación antes —enfriando el mosto, por ejemplo— queda azúcar residual y el vino resulta semidulce o dulce.
- Vino blanco seco: menos de 4 gramos de azúcar por litro. Es el estilo dominante en Argentina y en la mayoría de las mesas. Predominan los sabores frutales y herbáceos, y la acidez es más perceptible. El Torrontés seco argentino es el ejemplo local más claro: nariz floral engañosa, boca seca y fresca.
- Vino blanco semidulce: entre 4 y 12 gramos por litro. Equilibrio entre dulzor y acidez. Los sabores frutales son más pronunciados. Un Riesling Spätlese alemán entra en esta categoría, igual que algunos blancos de cosecha tardía de Mendoza.
- Vino blanco dulce: más de 12 gramos por litro; en los vinos de postre puede llegar a 100-200 g/l. Se hace con uvas sobremaduradas, con botritis (podredumbre noble) o por pasificación. Son vinos de poco volumen y mucha concentración. El maridaje clásico es con quesos azules, patés y postres no demasiado dulces.
El nivel de dulzor percibido no depende solo del azúcar. Un vino con alta acidez puede tener algo de azúcar residual y sentirse seco en boca. El Torrontés es el ejemplo perfecto de esa trampa: la nariz promete dulzura y la boca entrega algo completamente distinto.
¿Cuáles son los vinos blancos argentinos más importantes?
Argentina tiene una tradición vitivinícola larga, pero el foco histórico estuvo en el Malbec y los tintos. El capítulo de los blancos argentinos está creciendo rápido, y hay regiones y variedades que definen el mapa actual.
Torrontés de Salta: el blanco más único del país
El valle de Cafayate, a 1.700 metros sobre el nivel del mar, produce el Torrontés más reconocido de Argentina. Las noches frías preservan la acidez mientras los días cálidos y secos concentran los aromas. El resultado es un blanco con perfil inconfundible: rosas, jazmín, durazno y lima. La boca es seca con buena acidez y cuerpo medio. Funciona bien solo como aperitivo y acompaña muy bien las empanadas salteñas y los platos especiados del noroeste argentino. Es el blanco que los sommeliers extranjeros piden para entender el carácter local.
Chardonnay del Valle de Uco: estructura y potencial de guarda
Mendoza es la provincia más importante en producción vitivinícola del país, y su Chardonnay ofrece un estilo distinto al europeo. El Valle de Uco, a altitudes de 1.000 a 1.500 metros, produce Chardonnays de gran fineza con acidez natural y potencial de guarda. Las versiones con crianza en roble ganan en complejidad: aparecen notas de tostado, vainilla y fruta amarilla madura que se integran con la estructura del vino. Hay versiones sin paso por madera —más frescas y directas— para quienes prefieren el estilo borgoñón sin los condimentos de la barrica.
Viognier y Pinot Gris de la Patagonia
Neuquén y Río Negro están desarrollando un perfil de blancos que no tiene equivalente en el resto del país. El clima frío y ventoso, junto con suelos de origen volcánico, produce Viogniers más contenidos —menos alcohólicos, con más acidez— que sus pares del Ródano francés. El Pinot Gris patagónico, todavía poco conocido masivamente, tiene una tensión mineral interesante con aromas a manzana verde y pera. Son vinos que merecen más atención de la que reciben.
¿Con qué comidas marida mejor el vino blanco?
La lógica del maridaje con blancos es bastante intuitiva: buscás que el vino no tape al plato ni al revés. La clave es equilibrar intensidad con intensidad y complementar o contrastar sabores. Algunos lineamientos concretos:
| Tipo de vino blanco | Maridaje ideal | Maridaje con quesos |
|---|---|---|
| Torrontés seco | Empanadas, ceviche, platos especiados, pollo al limón | Quesos de cabra frescos, ricota |
| Chardonnay con crianza | Pollo asado, pastas con crema y hongos, pescados a la plancha | Brie, Camembert, gruyère |
| Sauvignon Blanc | Ensaladas, vegetales grillados, sushi, mariscos | Chèvre fresco, feta |
| Riesling seco | Comida asiática, cerdo, curry suave | Munster, emmental |
| Vino blanco dulce | Postres, foie gras, quesos azules | Roquefort, gorgonzola |
| Albariño | Mariscos, pescados a la sal, pulpo | Quesos curados de leche de vaca |
Un maridaje que funciona muy bien y no es tan obvio: el Torrontés argentino con empanadas de humita o tamales del noroeste. El perfume floral del vino limpia el paladar de la masa y complementa el sabor dulzón del choclo. Para la parrilla, un Chardonnay sin demasiada madera acompaña bien los cortes de pollo o el matambre.
Maridaje con pescados y mariscos
El bacalao y la merluza combinan bien con blancos secos y de buena acidez. Los mariscos —mejillones, almejas, camarones— piden un blanco fresco como Albariño o Sauvignon Blanc. El atún y el salmón, por su mayor grasa, toleran un blanco con más cuerpo, incluso un Chardonnay con algo de barrica.
Maridaje con carnes blancas y platos vegetarianos
El pollo asado con hierbas o a la crema es el maridaje clásico con Chardonnay. Para platos vegetarianos —risotto de hongos, tartas de verduras, pastas con pesto— los blancos aromáticos como Torrontés o Sauvignon Blanc funcionan muy bien: su frescura realza los sabores vegetales sin taparlos.
¿A qué temperatura se sirve el vino blanco y cuánto dura abierto?
Servir el blanco demasiado frío mata los aromas; demasiado tibio los aplana y hace que el alcohol se perciba más. La regla práctica:
- Blancos ligeros y aromáticos (Torrontés, Sauvignon Blanc, Albariño): 7-9°C. Salen de la heladera y en 5-10 minutos están en punto.
- Blancos con cuerpo y crianza (Chardonnay con barrica, Viognier): 9-11°C. Un poco más de temperatura permite que los aromas complejos se expresen mejor.
- Vinos dulces y de postre: 6-8°C. Bien fríos para que el dulzor no resulte empalagoso.
Sobre cuánto dura un blanco abierto: entre 3 y 5 días en heladera con tapón. La acidez y la ausencia de taninos hacen a los blancos algo más vulnerables a la oxidación que los tintos con cuerpo. Los de mayor acidez natural —Riesling, Sauvignon Blanc— aguantan mejor. Los más finos y delicados, menos. El truco de conservación más simple: evacuá el aire de la botella con un tapón de vacío. Extiende la vida útil un par de días más.
Características del vino blanco: color, aromas y cuerpo
Colores y tonalidades
El color del vino blanco no es uniforme. Va desde el amarillo pajizo casi transparente con reflejos verdosos —típico de Torrontés joven o Sauvignon Blanc— hasta el dorado intenso con matices ámbar en Chardonnay con crianza prolongada o vinos de vendimia tardía. Más amarillo dorado suele implicar más cuerpo o más tiempo en madera o botella. Los reflejos verdosos apuntan a juventud; los ámbar, a evolución.
Aromas y sabores
Los aromas primarios vienen de la uva: flores (Torrontés, Viognier), cítricos (Sauvignon Blanc, Albariño), fruta de carozo (Riesling, Chardonnay) o manzana verde (Pinot Gris). Los secundarios aparecen durante la fermentación: notas lácticas, pan, manteca. Los terciarios —los más complejos— emergen de la crianza: vainilla y tostado de la barrica de roble, o notas de miel, cera y frutos secos en los muy envejecidos.
Cuerpo y acidez
Los blancos son en general más ligeros que los tintos, pero el rango es amplio. Un Torrontés o un Sauvignon Blanc son de cuerpo ligero a medio; un Chardonnay con barrica o un Viognier tienen más peso en boca. La acidez es el componente distintivo: esa sensación de frescura y salivación es lo que hace a los blancos tan buenos compañeros de comida. Un blanco sin acidez suficiente se siente plano y unidimensional.
La copa correcta para el vino blanco
Las copas de vino blanco son más pequeñas que las de tinto: abertura más cerrada para concentrar los aromas y menor volumen para que el vino no se caliente antes de terminarlo. La porción recomendada es de 120-150 ml, menos de la mitad de la capacidad de la copa. Con una botella de 750 ml servís aproximadamente cinco copas.
Para blancos ligeros y aromáticos, una copa tipo Riesling o alsaciana (estrecha y alta) funciona bien. Para Chardonnay con cuerpo, una copa de boca más abierta permite que los aromas se expresen. Los espumosos usan flauta o tulipa: la flauta preserva las burbujas; la tulipa permite más expresión aromática.
Historia y origen del vino blanco: más de 8.000 años de evidencia
La vinificación es mucho más antigua de lo que se pensaba hace algunas décadas. Evidencia arqueológica hallada en Georgia (Cáucaso), estudiada y publicada entre 2017 y 2023, sitúa la producción de vino en alrededor de 6.000 a.C. —más de 8.000 años atrás—, convirtiendo esa región en el origen reconocido más antiguo de la vinicultura. Los hallazgos incluyen vasijas de cerámica con residuos de ácido tartárico (subproducto directo de la fermentación de uvas) y semillas de Vitis vinifera domesticada. Esto actualiza y corrige los datos anteriores que citaban 2.500 años como referencia histórica para el vino blanco.
En la Grecia antigua, el vino tenía usos medicinales documentados por Hipócrates. El Imperio Romano extendió la viticultura por Europa, y durante la Edad Media fueron los monasterios quienes preservaron y sistematizaron los conocimientos de vinificación. El comercio fluvial impulsó la producción en Alemania y Austria, que hoy siguen siendo referencias mundiales en blancos.
El vino llegó a América desde el siglo XVI con los conquistadores españoles. En Argentina, la vitivinicultura se asentó primero en Cuyo —Mendoza y San Juan— y fue expandiéndose a Salta, La Rioja y la Patagonia. El Torrontés, variedad blanca más emblemática del país, es resultado de cruces naturales ocurridos en territorio argentino, lo que lo convierte en la única variedad blanca genuinamente argentina.

Vinos blancos por regiones
El mapa mundial de blancos es amplio. Para el consumidor argentino, estas son las regiones más relevantes:
Argentina
El Torrontés de Salta es el emblema nacional. Mendoza aporta Chardonnay de gran calidad, especialmente del Valle de Uco. La Patagonia —Neuquén y Río Negro— suma Viognier, Pinot Gris y Riesling en estilos frescos y de gran precisión aromática. La Rioja tiene producción de Torrontés también, aunque con menos reconocimiento internacional que la salteña. Cuatro regiones con perfiles muy distintos, todas vale la pena explorar.
Francia
Borgoña (Chardonnay en todas sus expresiones, desde el mineral Chablis hasta el generoso Meursault), Alsacia (Riesling, Gewürztraminer, Pinot Gris) y el Loira (Sauvignon Blanc de Sancerre, Chenin Blanc de Vouvray). Son referencias históricas que siguen definiendo los estilos de muchas variedades plantadas en todo el mundo.
España
El Albariño de Rías Baixas es el más conocido internacionalmente. El Verdejo de Rueda tiene un perfil herbáceo con buena acidez. El Godello de Valdeorras gana cada vez más adeptos con su textura mineral. El Txakoli del País Vasco, ligeramente efervescente y muy ácido, es único en su categoría.
Italia, Alemania y el resto del mundo
Italia tiene el Pinot Grigio del norte (Veneto, Alto Adige), el Soave (Garganega) y el Vermentino del sur. Alemania y Austria son los reinos del Riesling y el Grüner Veltliner. Nueva Zelanda redefinió el Sauvignon Blanc con el estilo Marlborough. Y Chile —con el Valle de Casablanca— produce Sauvignon Blanc y Chardonnay de calidad creciente, cada vez más cerca en estilo a los mendocinos.
¿Qué se evalúa en una cata de vino blanco?
Una cata de vino blanco sigue las mismas fases que cualquier cata —visual, olfativa, gustativa— pero hay puntos específicos que pesan más en los blancos:
- Fase visual: se busca limpieza (sin turbidez) e intensidad del color. Reflejos verdosos indican juventud; ámbar, evolución. Un color muy pálido apunta a vino joven o de clima frío; el dorado intenso a crianza o uvas muy maduras.
- Fase olfativa: se identifican aromas primarios (fruta, flores), secundarios (fermentación) y terciarios (crianza). La nariz en los blancos es más delicada y se bloquea con copa demasiado fría. Temperar levemente con la palma de la mano ayuda a liberar los aromas antes de oler.
- Fase gustativa: se evalúan dulzor, acidez, cuerpo y final. La acidez es el eje central: un blanco sin acidez carece de vida. El final —cuánto persisten los sabores después de tragar— es indicador de calidad. Más largo e integrado, mejor.
Lo interesante es que blancos aromáticos como el Torrontés «engañan» en la nariz con dulzor floral que no se traslada a la boca. Identificar esa tensión entre nariz y paladar es parte de lo que hace entretenida la cata de blancos argentinos.

Preguntas frecuentes sobre el vino blanco
¿Cómo se elabora el vino blanco paso a paso?
El proceso empieza con la vendimia, continúa con el despalillado, estrujado (opcional), prensado, desfangado y fermentación alcohólica a baja temperatura (14-17°C). Luego viene la fermentación maloláctica opcional, la crianza en acero o barrica, la clarificación y finalmente el embotellado. La diferencia central con el tinto está en que el mosto fermenta sin contacto prolongado con los hollejos, lo que elimina los taninos y mantiene la frescura aromática.
¿Cuál es la diferencia entre vino blanco seco, semidulce y dulce?
La diferencia está en el azúcar residual que queda después de la fermentación. El seco tiene menos de 4 g/l, el semidulce entre 4 y 12 g/l, y el dulce más de 12 g/l. Lo que complica la clasificación es que la acidez puede enmascarar el dulzor: un vino con algo de azúcar residual pero alta acidez puede sentirse completamente seco en boca. El Torrontés argentino es el ejemplo perfecto.
¿Con qué comidas marida mejor el vino blanco?
Los blancos ligeros y aromáticos (Torrontés, Sauvignon Blanc, Albariño) van bien con mariscos, pescados, ensaladas y platos vegetarianos. Los de más cuerpo (Chardonnay con crianza, Viognier) acompañan pollo asado, pastas con crema y pescados más grasos. Los dulces se reservan para postres o quesos azules. En Argentina, el Torrontés con empanadas salteñas o platos picantes del noroeste es un maridaje local que funciona muy bien.
¿A qué temperatura se sirve y cuánto dura abierto?
Los blancos ligeros y aromáticos se sirven entre 7-9°C; los de mayor cuerpo y crianza, entre 9-11°C. Servir a menos de 6°C bloquea los aromas; pasar los 13°C los aplana. Una vez abierto, el blanco dura entre 3 y 5 días en heladera bien tapado. Los de mayor acidez aguantan mejor; los más delicados se degradan antes. Un tapón con bomba de vacío extiende la vida útil un par de días más.
¿Cuáles son los vinos blancos argentinos más importantes?
El Torrontés de Salta —especialmente de Cafayate— es la variedad blanca más emblemática del país y la única genuinamente argentina. El Chardonnay del Valle de Uco (Mendoza) representa el otro extremo: más estructurado, con potencial de guarda. El Viognier y el Pinot Gris de la Patagonia son apuestas más recientes que ganan terreno. Para un recorrido por los blancos argentinos, conviene ir de más aromático (Torrontés) a más complejo (Chardonnay con barrica).
¿En qué se diferencia el vino blanco del tinto en su producción?
La diferencia central está en el contacto con los hollejos. En el tinto, el mosto fermenta en contacto con la piel de la uva, lo que extrae taninos, antocianos (color) y mayor estructura. En el blanco, el jugo se separa de los hollejos antes o durante la fermentación, lo que da como resultado un vino sin taninos perceptibles, de color claro y con mayor acidez relativa. La temperatura de fermentación también es más baja en los blancos —14-17°C versus 25-30°C en tintos— para preservar los aromas volátiles.
¿En qué época se cosechan las uvas blancas en Argentina?
La vendimia de uvas blancas en Argentina ocurre entre febrero y abril, dependiendo de la variedad y la altitud. Las zonas más cálidas cosechan primero; las de mayor altura, como Cafayate en Salta o las parcelas altas del Valle de Uco, pueden llegar hasta abril. Esto es lo opuesto al hemisferio norte, donde la cosecha ocurre entre agosto y octubre. El dato de agosto-septiembre que circula en muchos textos corresponde a la temporada del hemisferio norte y es incorrecto para el contexto argentino.
Conclusión
El vino blanco es mucho más que un acompañamiento para el pescado. Hay un mundo amplio de estilos —del explosivo Torrontés salteño al austero Riesling alemán o al complejo Chardonnay borgoñón— y Argentina tiene lugar en ese mapa con voz propia. El Torrontés es la razón principal para que cualquier sommelier extranjero mire al país con curiosidad en blancos; el Chardonnay del Valle de Uco y el Viognier patagónico confirman que la calidad es consistente.
Esta reescritura corrigió errores de fondo que tenía el artículo original: el calendario de vendimia ya refleja la realidad argentina (febrero-abril, no agosto-septiembre), se incorporó el Torrontés como variedad central que el texto anterior ignoraba por completo, se actualizó la evidencia histórica a los más de 8.000 años respaldados por la arqueología reciente, y se eliminaron afirmaciones de salud sobre el vino que hoy no tienen respaldo en los consensos científicos actuales. Si querés profundizar en algún estilo puntual, el artículo sobre vinos blancos secos es un buen punto de partida.
Fuentes
Los datos sobre evidencia arqueológica del vino en Georgia corresponden a investigaciones publicadas entre 2017 y 2023 en revistas especializadas de arqueología y paleobotánica. La referencia sobre la postura de la OMS respecto al consumo de alcohol corresponde al informe y comunicaciones de 2023 sobre niveles seguros de consumo. Los datos sobre variedades argentinas, calendarios de vendimia y regiones productoras están documentados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) de Argentina.




